Ya es oportuno dejar de pensar en “lo que hubiese pasado” y dedicarte a vivir

Cuánto tiempo desperdiciado en pensamientos estériles, intentando generar en nuestra mente otro desenlace distinto a lo que en realidad ocurrió. Autoflagelándonos con situaciones hipotéticas en base al conocimiento y la experiencia que hoy manejamos. A esto podríamos llamarlo una de las peores torturas que podemos propinarnos nosotros mismos, es un sabotaje a nuestra vida y una actitud que solo nos genera culpa, rencor y resentimiento.

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Mientras más tiempo le dediquemos a pensar en las cosas que pudiesen haber ocurrido, de peor forma estaremos haciéndonos daño, principalmente enganchándonos a algo que no nos permite vivir el presente y mucho menos nos permite avanzar.

Aceptemos lo ocurrido

Podemos colocar millones de escenarios, pero solo uno fue el que pasó, pudo haber sido diferente? Claramente sí, siempre hay infinitas posibilidades, pero el punto es que no lo fue y que debemos aceptar lo que ocurrió. Probablemente el acontecimiento nos ha dejado consecuencias, positivas o negativas… o sencillamente distintas a lo que quisiéramos en este momento, pero no podemos cambiar lo que pasó.

Ni siquiera tenemos garantías de que nuestra vida sería mejor en caso de que los acontecimientos en algún momento hayan resultado de una manera distinta a como ocurrieron. Solo lo imaginamos y la sola posibilidad de que pudiésemos estar mejor nos genera frustración y nos resistimos a lo que estamos viviendo por algo que solo es una posibilidad en nuestra mente.

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Por lo general no pensamos en lo que hubiese ocurrido de haber actuado de una manera o haber tomado una decisión especifica que hiciera que nuestra vida fuese más difícil o sencillamente peor que lo que vivimos… Cuando ocurre con ligereza pensamos: Menos mal que hice tal cosa, qué bueno que me decidí por esto y no por aquello, etc. Pero no nos internamos a pensar cómo sería nuestra vida de nefasta de acurdo a nuestra imaginación.

Por el contrario cuando pensamos que nuestras decisiones o acontecimientos del pasado nos afectaron de forma negativa, podemos sin remordimiento lanzarnos de cabeza y suspender nuestra vida lamentándonos por lo ocurrido.

Cuidemos los pensamientos

Por eso es que es primordial ser el guardián de nuestros pensamientos, estar atentos a qué pensamientos nos están generando incomodidad o son realmente inútiles y una vez identificados, sin resistirnos a ellos, dejarlos pasar sin darle mayor importancia.

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Siempre tendremos cosas de las cuales pudiésemos arrepentirnos o consideramos que pudiésemos hacer mejor, pero lo más importante es que entendamos que no podemos cambiar nada y aunque lo veamos inconveniente, somos lo que somos por nuestro pasado, por la experiencia, por los aprendizajes, por las heridas… Todo lo que hemos vivido nos ha llevado a donde estamos… Si en definitiva no nos gusta, siempre podremos cambiar, pero en el presente, en donde todo ocurre, donde estamos justamente viviendo.