Y quizás te tocará aceptar que las personas imprescindibles para ti, son felices sin ti

Sí, algunas veces nos tocará ser nuestros propios héroes, salvar nuestro corazón del desamor, de la indiferencia y de esa extraña sensación de ahogo al sentir que aquella persona que lo ha representado todo, por la cual hemos apostado y hemos dado lo mejor, sencillamente ha decidido soltarnos, ha concluido que la vida sin que formemos parte de la suya, les resulta mejor.

Aceptar que ya no nos quieren como parte importante de la vida de alguien más puede ser doloroso, pero quedarnos a mendigar amor, luchando una batalla perdida, no tiene sentido y hace que el dolor se haga permanente, se haga parte de nosotros, se haga habitual y si permitimos que esa condición tome fuerza, muy pronto en ese amor a alguien más se irá diluido el amor por nosotros mismos, hasta que llegado un punto dejemos de reconocernos.

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Detente un momento y visualiza qué tipo de amor quieres recibir.

Debemos reconocer cuándo es necesario decir basta, cuándo la dignidad debe guiar nuestros pasos. No es sencillo soltar a quien se ama, con eso desprendemos de nosotros una parte de nuestro ser para quedar con un vacío profundo que nos cueste llenar, pero sin duda ese vacío no es comparable con perdernos a nosotros mismos.

El amor no se puede comprar, no se puede forzar, ni tampoco se puede negociar, si nuestro amor no es bien recibido, tenemos sencillamente que guardarlo, destinarlo a alguien más o transformarlo para nuestro bien, pero bajo ninguna circunstancia debemos aferrarnos a una situación que desgaste nuestra esencia, porque merecemos más que el rechazo, que la negativa, que la ausencia o el desprecio.

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Venimos a este plano para aprender a amar, especialmente a nosotros mismos y a aprender a recibir amor. Muchas veces seremos responsables de que ya alguien no nos quiera en su vida, pero todos estamos en nuestro proceso de aprendizaje, todos debemos entender que cometemos errores y que nuestras acciones tienen consecuencias, sin que ello nos arrastre a recuperar lo perdido cueste lo que cueste.

De toda situación debemos rescatar la lección, si algo lo pudimos haber hecho mejor, pues ya nos queda la experiencia, la cual como dicen por allí: es el peine que nos regalan cuando estamos calvos, pero independientemente de los motivos, debemos aprender a valorarnos, a saber que hemos hecho lo mejor que pudimos con nuestros recursos y que si cometimos o no errores, si no nos dan la oportunidad de resarcirlos, no podemos encadenarnos a lo que ya no nos corresponde.

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Debemos aprender a soltar y entender que sí podemos vivir sin alguien, que todo pasa y todo cambia y está en nosotros aceptar y tomar cada cambio para mejor.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet