RINCÓN del TIBET

A quien responde con poco no hay que seguir dándole todo

poco

Y de repente ya no quieres seguir dándole todo a quien responde con poco

Ciertamente deberíamos hacer el bien sin mirar a quien, dar sin esperar recibir y estar para quien lo necesita sin esperar recompensa o reconocimiento. Sin embargo, para fomentar relaciones sanas, es necesario sentirse retribuido con lo que se entrega, cosechar lo que sembramos, sin que este sea el fin.

Las relaciones en donde una de las dos partes lo entrega todo, sin recibir nada a cambio, terminan quebrándose paulatinamente, generando primero un abismo interno en quien ha dado mucho y en quien no es capaz de valorarlo porque da poco, sencillamente se forma la sensación de que merece todo sin hacer el más mínimo esfuerzo por retribuir a su fuente.

Quizás no sea intencional, pero sí resulta perjudicial adoptar una conducta de que merezco todo el amor, la atención, la valoración sin ofreciendo muy poco a cambio. Bien sabemos que el amor cuando es verdadero es incondicional, pero pocos sabemos llevarlo a cabo sin salir lastimados. Quizás el único amor que no espera nada, que no importa si existe equilibrio o no en el dar y el recibir, que puede mantener firme sus sentimientos a pesar de las decepciones, sea el de una madre o un padre, hacia un hijo.

En el resto de las relaciones interpersonales, salvo en algunas patológicas, el amor se sustenta y se alimenta del amor de vuelta, es un cuidado bilateral, sentimientos y atención que corresponden a ambas partes, el apoyo es recíproco y las ganas se suman, no se manifiestan solo en una de las dos partes.

Cuando una persona responde con poco, cuando es mezquina en sentimientos y acciones, cuando es egoísta y solo piensa en beneficiarse en todas o en algunas de sus relaciones, por lo general termina alejando a quienes más le han querido. Las causas pueden ser diversas, pero la principal es el no saber amar. Algunas veces las mismas experiencias le han llevado a obtener todo de otros, sin tener que aportar nada. Pero tarde o temprano estas personas se arrepienten de no haber sabido amar y haber perdido espacios importantes en los corazones de quienes les han amado.

Es normal alejarse poco a poco de quien no nos valora, de quien demuestra apatía o desinterés en lo que le ofrecemos, de quien actúa como si por su simple condición de ser vivo, merece todo de nosotros, sin tener que dar nada a cambio.

Es cierto que todos merecemos que nos amen, pero también es cierto que los amores se cuidan, se valoran y se protegen, se riega día a día y los detalles son lo que hacen que ese amor se alimente y crezca, la ausencia de ellos, normalmente lo marchita hasta morir.

La vida es corta, selecciona bien en quién quieres invertirla, a quien le ofreces lo más valioso de ti y procura siempre que en cada una de tus relaciones reine el equilibrio, asegurándote que esa persona con la que quieres compartir parte de tu vida, esté dispuesta a darte lo que estás dispuesto a ofrecerle.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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