Y a fin de cuentas… Lo importante no es saber lo que uno tiene, sino recordar lo que uno vale

A lo largo de la vida, la mayoría de las personas aprendemos a darle valor a lo que realmente lo tiene, entendemos que la vida no se trata de hacer un conteo de lo que uno tiene o le falta conseguir, sino que tiene que ver con reconocer nuestro valor como seres humanos, como personas que están librando de manera individual sus propias batallas, con la intención de crecer, de amar, de ser amados y sobre todo sintonizar con la felicidad.

Hablamos mucho del término felicidad y muchas veces no entendemos ni de qué se trata. Ciertamente los conceptos son tan variados como personas hay en el mundo, pero algo que mantienen en común es que se trata de un estado que no lo ofrece ninguna condición externa, sino que está vinculado a nuestro estado interior.

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Cuando el mundo deja de afectarnos y no aceptamos que condicionantes definan nuestro estado de felicidad, es allí cuando nos realmente la felicidad tiene lugar, teniendo más que ver con un equilibrio y paz interior, que nos permite ser inmunes a las situaciones y circunstancias.

Cuando no podemos reconocer nuestro valor estamos expuestos a que cualquier cosa o cualquier persona tenga el poder sobre nosotros de afectarnos, de llevarnos a menos, de hacernos dependiente, de generar apegos y de perder la libertad de manejar nuestra vida bajo parámetros saludables, donde nos vinculamos a otros desde el amor, especialmente el amor por nosotros mismos.

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El amor propio nos permite filtrar las personas que se nos acercan, ayudar a los demás sin sacrificar nuestras vidas, sentir la seguridad necesaria para hacer lo que queramos, siendo conscientes de nuestras capacidades, sin depender o necesitar de nada ni de nadie.

Las pautas de merecimiento, debemos revisarlas de manera continua, cuando sentimos que en algún aspecto de nuestras vidas nos podría ir mejor de cómo nos está yendo, debemos hacer una pausa para indagar en nuestro interior las pautas que imperan y nos pueden estar limitando.

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Nuestra mente aprende con facilidad y lo mejor de todo es que es capaz de desaprender, a través de ejercicios que trabajen a nivel consciente e inconsciente, con los cuales podemos ir reprogramando nuestras pautas mentales. Pudiendo comenzar con desmontar las creencias que hemos adoptado como propias, dejándolas ir, restándole validez y sustituyéndolas por creencias positivas, en donde el resultado de esas creencias favorezca a lo que realmente merecemos.

La vida nos tratará como nosotros creemos que lo hará, por eso dejemos atrás cualquier cosa que la vincule a que la vida debe ser sacrificada, que el amor que nos den está condicionado, que la vida es difícil, que el amor es complicado… La vida es hermosa y si recordamos el valor que tenemos desde nuestra esencia, no nos quedará más opción que disfrutarla a plenitud.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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