Si te cansas aprende a descansar, no a renunciar

La vida a veces parece presentarse como una carrera de obstáculos o de resistencia, donde cada uno de nosotros avanza de acuerdo a sus capacidades, donde algunos nos tardamos más o menos en recuperarnos de las caídas y donde algunos pensamos en tirar la toalla.

El rendirnos no es una alternativa o al menos así debemos pensarlo. Muchas veces nos cansaremos debido al camino recorrido, pero debemos aprender a tomar una pausa, a suministrarnos el aire que necesitamos y hacer lo necesario para recargar nuestras energías para seguir adelante.

No importa qué tan empinada sea la pendiente, con constancia y paciencia obtendremos lo mejor de la experiencia y lo más importante es que aun cuando nuestro norte esté fijado, tengamos consciencia de que la vida en realidad es lo que ocurre en el trayecto, es nuestro día a día, nuestro paso a paso. Si olvidamos apreciar el camino se nos pasará la vida sin darnos cuenta, con nuestra atención fija en algo que ni siquiera sabemos si llegaremos a vivir.

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Cuando tenemos un rumbo deseado y vamos atentos a la guía de nuestro corazón, puede ser que no lleguemos a donde quisimos en un principio, pero de seguro llegaremos a donde tenemos que estar.

Si renunciamos tendremos el sabor de la verdadera derrota, aquella que se obtiene cuando nos caemos y decidimos no levantarnos, aquella que nos hace cargarnos de inseguridades, de miedos y nos convence de que no somos capaces de alcanzar aquello que anhelamos.

Algo que tenemos que aprender es a diferenciar entre aceptar cuándo es necesario decir basta y renunciar, especialmente cuando estamos hablando de propósitos. Evidentemente debemos definir nuestro alcance y respetar la participación de otras personas si están involucradas en aquello que deseamos materializar.

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Si depende de nosotros exclusivamente, podremos tener la potestad de cambiar de estrategias, de darnos tiempo, de reinventarnos y continuar o tomar un rumbo diferente. Pero si alguien más debe participar, el poder de acción se dividirá y algunas veces no nos quedará una alternativa diferente que aceptar que las cosas no serán como deseamos.

Independientemente del escenario, lo mejor que podemos llevar con nosotros es la capacidad de seguir adelante, de no quebrarnos y en caso de que ocurra, poder recoger nuestros fragmentos y rearmarnos, con la mejor actitud, con paciencia y con la seguridad de que el resultado será una versión mejorada de nosotros mismos.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet