Muchos padres (hablamos de ambos roles: padres y madres), suelen imitar elementos que estuvieron presentes en nuestra crianza, aun cuando no tengamos buenos recuerdos de ellos, o nos haya hecho pasar malos momentos. Evidentemente en estos casos quien ejerce la crianza a posterior está partiendo de algo conocido y tomando en consideración que el resultado obtenido (ellos mismos), fue satisfactorio.

Más allá de lo que nosotros recibimos en nuestras crianzas, de cómo nos formaron, de los valores que nos inculcaron, existe un modelo presente en nuestra mente que nos habla de lo que nos hubiese gustado tener, de lo que nos hubiese gustado recibir, de lo que consideramos en algún momento lo más importante.

Y esto resulta una muy buena guía cuando vamos a criar a nuestros hijos, porque cuando vemos desde la posición de adultos que somos, pero con la visión de niños que en algún momento fuimos, somos capaces de identificar las necesidades reales, de ser más empáticos y menos apegados a patrones.

Padre 2

Quizás se nos hace sencillo recordar que más importante que un regalo, era el hecho de que nuestros padres jugaran con nosotros, que esos momentos los recordamos con mucha claridad. Quizás no teníamos oportunidad de conversar con ellos o con alguno de los dos y nos hubiese gustado poderlo hacer, de cosas sencillas, de cosas complejas, que tuviesen esa costumbre y sin juzgarnos, sino por el contrario motivarnos, fueran nuestro refugio y centro preferido de consultas.

Tal vez hay mucho de nuestros padres que nos encantó y podemos experimentar hacerlo con nuestros hijos, pero señores, todo aquello que dolió, que sembró miedo, que creo división, que nos hizo sentir solos, que nos hizo crecer antes de tiempo… Podemos obviarlo, sustituirlo por algo más, por lo que nos hubiese gustado recibir en aquel entonces.

No se confíen pensando que son “personas  de bien”, porque los reprendieron fuertemente, porque les pegaron para disciplinarlos, que de no haber sido por eso, quién sabe dónde andarían. La respuesta nunca la sabremos, porque no podemos experimentar dos crianzas diferentes en la misma persona. Pero sí se sabe que la crianza irrespetuosa no genera los mejores frutos y que las personas que se forman en un ambiente no violento, pacifico, con normas estructuradas, amor y respeto, viven mucho más sonrientes ante la vida.

Padre 3

Evidentemente no debemos confundir un trato respetuoso con una crianza en donde reine la anarquía o el libertinaje, porque no establecer límites sanos, que protejan y orienten, no dar estructura, también es una forma de generar daños permanentes.

En cualquier caso como padres, sabemos que no tenemos un manual, pero que nuestra guía sea siempre el amor y la protección, que no nos invada la frustración, el cansancio, el piloto automático, porque sabemos lo importantes que son nuestros hijos, casi que por ellos hacemos todo, pero algunas veces olvidamos hacer lo más importante: Demostrarles amor, dedicarles tiempo, verlos crecer, escucharlos, conocerlos…

El tiempo pasa muy rápido y cuando venimos a ver ya esos niños están tomando sus caminos y volando con sus propias alas, asegurémonos que no se vayan de casa con heridas y traumas que les hagan peso a lo largo de sus vidas.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet