Pocas cosas requieren más valor que dejar ir

Dejar ir es una de las dinámicas más sanas que podemos poner en práctica en nuestras vidas, sin embargo, en muchos casos resulta una de las más complicadas, porque no se trata de aparentar ser muy fuertes y proyectar que nos hemos liberado de lo que nos ata, de lo que nos pesa y nos duele. Se trata de que sinceramente, de corazón rompamos los apegos y sintamos la verdadera paz que eso representa.

Dejar ir ilusiones, proyectos, personas, lugares, sentimientos puede representar uno de los más arduos trabajos internos, donde la aceptación y el reconocimiento toman forma. Tomamos consciencia de las cosas que no pueden seguir ocupando espacios en nuestra vidas y de una u otra forma nos limitan y desde la posición más honesta que podamos guardar con nosotros mismos decimos adiós a aquello que aún es importante para nosotros.

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Cuando nos quedamos atados a los deseos de nuestro ego, siempre sentiremos inconformidad, siempre abriremos espacio a todo aquello que nos hace estar intranquilos y frustrados con lo que somos, con lo que tenemos y lo que hacemos. Estaremos sometidos a experimentar todas las sensaciones negativas que van vinculadas a la manera de reaccionar a los pensamientos asociados a nuestros apegos y todas ellas son desagradables.

Las técnicas de perdón, resultan muy útiles cuando asomamos la idea de querernos liberar de aquello que no nos hace sentirnos mejor, sino lo contrario, así como ejercicios de meditaciones guiadas que trabajan sobre nuestra mente subconsciente y van haciendo un trabajo importante hacia nuestro bienestar.

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Nadie sufre más que el que se ancla a resentimientos por acciones no perdonadas, el que no sabe perdonar y se alimenta de la rabia, de los celos y la envidia, quien no acepta perder en cualquiera de los ámbitos de sus vida, quien se siente culpable por cosas que no puede cambiar, quien alimenta lo negativo y tiene poca capacidad de apreciación y de agradecimiento.

Cuando nos hacemos de la apreciación y del agradecimiento, un hábito, nos resulta más complicado engancharnos a las experiencias dolorosas, a las personas que no nos quieren en sus vidas o por un motivo u otro no pueden estar, a lugares donde no podemos permanecer. Agradecer nos abre la puerta de ver lo positivo, de atraer más de lo que nos gusta a nuestras vidas, de alinearnos con lo que nos hace sonreír.

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Requiere mucho valor, mucha consciencia y mucha fortaleza y resulta el acto más liberador que podemos regalarnos. La vida está llena de cambios y no es sano permanecer en lo que nos debilita, cambiemos lo negativo por lo positivo en nuestro ser, en nuestra mente, en nuestras emociones y aprovechemos al máximo esta mágica experiencia.

 

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