Mientras mayor sea la turbulencia afuera, mayor paz necesitarás dentro

Los momentos de mayor estrés, de mayor incertidumbre, donde la mayoría pierde el control y el juicio, son los que requieren mayor autocontrol, son los que demandan de nosotros que dejemos que sea nuestra verdadera esencia la que tome el control.

No es sencillo dejar de preocuparse, más aun cuando nuestra mente está enfocada en algo sobre lo cual no tenemos control directo, que depende de otras personas o bien de cualquier factor externo a nosotros. Sin embargo, debemos entender que el estrés no nos quitará los problemas de encima o nos ayudará a solventar algo, solo nos quitará la paz.

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Lo mejor que podemos hacer al enfrentarnos a situaciones de las cuales tenemos alcance limitado es intentar calmar nuestra mente al respecto y de ser posible, mantenerla al margen, no dejarla imaginar sus clásicos escenarios catastróficos y tratar de sustituir cualquier pensamiento negativo por alguno positivo, aunque no tenga nada que ver con el problema de raíz.

Podemos comenzar sencillamente dejando pasar los pensamientos angustiantes, sin engancharnos a ellos, aprender a soltar todo lo que nos perturba. Sin ser indolentes o indiferentes, debemos entender que si nuestras acciones no tienen alcance para resolver algún problema, lo más conveniente será contribuir a través de la energía con la que enfoquemos la situación.

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La fe y la esperanza, son recursos que no deben faltar, ese sentimiento de que saldremos bien de una situación, nos ayuda a mantener los miedos y las angustias alejados. No hacemos fuertes ente las calamidades y no nos venimos a menos a través de nuestra propia mente.

Ante el ruido afuera, busca refugio en tu silencio, ante la angustia colectiva, encuentra tu paz particular, ante los miedos, ten siempre fe que todo se resolverá de la forma más conveniente para los involucrados. Tenemos el arma más poderosa para enfrentar todos los problemas y es la confianza de que los resultados siempre serán los mejores, tomemos esa idea y no la soltemos hasta que estemos convencidos de que no hay otra manera.

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No importa si quienes te rodean se encuentran en su maremágnum de emociones, no te dejes arrastrar por esa energía que a nadie favorece. Encuentra y conserva tu paz, que nada te espante, que nada te perturbe. Esta es sin duda una de las maneras  que tenemos de no alimentar más un problema y ayudar a desenredarlo.

Mientras más fuerte sea la tormenta en nuestro exterior, mayor refugio debemos encontrar en nuestro interior.

 

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet