Mi felicidad no depende de la aprobación de nadie

Es muy usual ver cómo las personas se esfuerzan en complacer a otras, aunque ello represente inclusive dejar de complacerse a sí mismos. Sus vidas transcurren en una constante búsqueda de aprobación por parte de los demás, las personas de mayor influencia en sus vidas son las que de alguna manera se encargan de escribir los capítulos de sus libros.

No debemos tratar de demostrarle nada a nadie, lo único que cada uno debe intentar en este tránsito es tener el equilibrio necesario que nos permita sentirnos tranquilos y felices.  Es gratificante contribuir a la felicidad de otros, pero cuando el costo de ello es alejarnos de lo que en realidad somos o bien lo que queremos llegar a ser, esto pierde el sentido y se convierte en un viacrucis que nos llevará a la insatisfacción y la frustración.

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No podemos poner como prioridad en nuestras vidas el qué dirán, el qué pensarán. No podemos tomar decisiones trascendentales con la finalidad de agradarle o demostrarle a quienes nos importan lo que somos capaces de hacer.

Todo el que nos quiere, que nos ama, debe aprender a respetar nuestra vida, aunque ello implique que hagamos de ella algo diferente a lo que a ellos les gustaría. Evidentemente tenemos que procurarnos lo mejor y en caso de algún indicio de que vamos por un mal camino, que estamos atentando contra nuestra vida, contra nuestra felicidad o seguridad, cualquier persona que nos aprecie puede tener la responsabilidad de intervenir y emplear acciones de rescate.

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Pero si en condiciones normales que no nos perjudiquen vamos tras nuestros sueños, perseguimos lo que queremos, nadie debe sentirse inconforme o poco complacido y nosotros no debemos sentirnos culpables por no cubrir las expectativas de otros, sino por el contrario, orgullosos de hacer justo lo que debemos hacer, a fin de cuentas es nuestro libro, son nuestras páginas y la vida sería un desperdicio si lo basamos en un check list que muestre qué tan complaciente fuimos con los demás o cuántas personas aprobaron nuestras acciones.

Mientras más temprano nos hagamos conscientes de que no estamos acá para algo diferente que vivir nuestra vida, con nuestros tropiezos, con nuestros éxitos, con todas sus caídas e inclusive las decisiones equivocadas, aprovechando al máximo cada lección aprendida, viviendo al máximo cada experiencia, cada camino, cada lágrima… Pues menos tiempo y energías invertiremos en buscar de la manera menos conveniente la felicidad de otros por sobre la nuestra.

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