Me tomo la libertad de ser quien yo soy, no quien esperan que sea

Sería ideal poder complacer a todos y en especial a nosotros mismos, sin embargo, como cada uno de nosotros tiene un criterio particular y cada quien tiene en su mente una creencia, pues muy difícilmente encontraremos convergencia con lo que deseen los demás en relación a nosotros y es acá donde debemos decidir a quién vamos a complacer.

Lamentablemente abunda el tomar en consideración lo que los demás desean que seamos, sobre lo que nosotros queremos ser. Estamos desde pequeños acostumbrados a que nos moldeen y nos hagan encajar en patrones, a que nos coloquen etiquetas, que nos juzguen de buenos o de malos de acuerdo a ciertos estándares. Y ese adoctrinamiento, nos acostumbramos más a ser buenos, que a ser felices.

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La felicidad tiene gran relación con la libertad de elegir lo que realmente queremos para nosotros. La libertad es tan relativa, siempre terminamos siendo esclavos de algo en mayor o menor medida, pero por lo general todos somos esclavos de nuestras creencias… hasta que decidimos romperlas.

Lo cierto es que crecimos esclavizados a ajustarnos a una sociedad, a unos parámetros, a creencias religiosas y fuimos perdiendo capacidad de escucharnos a nosotros mismos y en muchos casos, lo que escuchábamos lo callábamos porque de alguna manera contradecía aquello que entendíamos que esperaban los demás… Y esos “demás”, por lo general referían a las personas que más amábamos o más nos amaban… Por ende, de seguro eso que esperaban era bueno para nosotros.

Y así a medida que el tiempo pasa nos damos cuenta de que ni siquiera sabemos quiénes somos, ni que queremos, ni a dónde deseamos estar. Porque le hemos dado mayor protagonismo a unas creencias que adoptamos y hemos tratado de encajar y nos hemos dejado de lado en el proceso.

Es muy difícil escucharnos, si escuchamos las expectativas de los demás de forma constante. Por lo cual es necesario evaluar cómo nos sentimos. En caso de sentir frustración, rechazo a lo que vivimos o a lo que somos, debemos tomarnos la tarea de indagar en nosotros, rescatando esa voz ahogada que constantemente quiere ser escuchada, coloca en silencio el resto y solo intenta escuchar esa voz que es la única que te pertenece.

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Siguiendo tu intuición recorrerás el mejor camino, el que tú decidiste, no el que otros te crearon. Tómate la libertad de encontrarte, de escucharte, de ser quien eres, aun cuando eso no le satisfaga a los demás. La vida no acepta representantes, así que nadie puede vivir por ti y menos nadie puede ser feliz por ti. No te sacrifiques por los demás, quien te quiera de verdad, lo hará inclusive más si te das la libertad de ser quien eres.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet