Muchas veces es necesario conocer la oscuridad para valorar la luz. Eso ocurre cuando hemos tenido una vida por muy diversos motivos acontecida. Los golpes, las sacudidas, las vueltas propias de la vida y cómo las manejamos, pueden generar en nosotros diversos efectos.

En el mejor de los casos podemos aprender a canalizar lo que nos ocurre y tomar la decisión de ver las cosas diferentes, aprendiendo a ver lo positivo en cada paso e inclusive en cada adversidad, eso es aprender a disfrutar de la vida.

Nos pueden pasar muchas cosas, podemos tomar caminos muy difíciles de atravesar, pero es nuestra actitud la que marcará siempre la diferencia. Aprender a valorar cada estado en este plano es entender nuestro paso por acá.

Cada una de nuestras experiencias nos aporta algo. Cuando comenzamos realmente a disfrutar del camino, sin enfocarnos tanto en la meta o en el punto aquel que decidimos sería nuestra próxima estación, nos estamos dando la oportunidad de crear desde un punto de atracción diferente.

Todo pertenece a tu creación

Todo lo que nos pasa, es porque lo hemos atraído a nuestras vidas y el comenzar a ver lo positivo, nos conduce a atraer experiencias desde un nuevo punto, por lo tanto ellas serán distintas. Lo que queremos decir con esto es que los cambios en la vida no comienzan cuando lo que está a nuestro alrededor cambia, sino cuando cambiamos a nivel interno.

Si vivimos lamentándonos, seguramente siempre encontraremos o inventaremos algo por lo cual nos podamos lamentar, así lo haremos de manera continua. Pero cuando le agarramos el truco a la vida y comenzamos a enfocarnos en lo que nos genera bienestar, en aquello que podemos agradecer, la vida nos da más y más de eso y cuando venimos a ver, nuestras experiencias son diferentes. Todo  ha mejorado por la simple decisión de mirar la vida con agradecimiento, con entusiasmo, con esperanza.

Cuando hemos tenido una vida cargada de sufrimiento, de pesares, de lamentos y logramos producir cambios positivos, estos son realmente evidentes ante nuestros ojos y se convierten en los principales motivadores para seguir así, para continuar viviendo de una manera más entusiasta.

Disfrutar de la vida, sentirnos plenos, alegres, satisfechos con nuestro presente es la opción más inteligente que podemos elegir y una vez que nos acostumbramos se nos hace más complicado volver al drama de la mente que nos dice que las cosas no están tan bien, que no somos suficientes, que los demás están mejores… Todas esas frases que nos hacen sentir pequeños, tristes, incapaces y frustrados, solo provienen de nuestro ego y él es el responsable de mantenernos en un punto inadecuado de atracción.

Confiar…

Confiar en la vida, en sus altibajos, en nosotros y en que todo tiene un por qué, nos conducirá a enamorarnos de esta experiencia. Alejarnos de lo que no nos conviene, de lo que nos retrasa, de lo que nos corta las alas, comenzando por nuestros propios pensamientos negativos, es la llave de la puerta que nos conducirá por la ruta del disfrute y del desprendimiento.

Quizás lo hayas escuchado, nuestro sufrimiento siempre proviene de los apegos y los apegos se generan en esa parte de la mente que le da miedo perder… No vinimos a ganar o a perder nada, todo es prestado, todo está aquí para experimentarlo y dejarlo correr, incluso los amores más profundos, la vida misma, lo simple y lo complejo, nada permanece como lo conocemos. Así que aprender a fluir es parte de aprender a disfrutar.

Recuerda practicar el desapego y deslízate por la vida como si la surfearas con gran experticia… Solo cuando dudes, cuando temas, cuando te dejes llevar por tu ego, sentirás que la ola te revuelca… Pero tranquilo, ya podrás tomar la siguiente ola… y seguir disfrutando de la experiencia.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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