Las palabras conquistan, pero a través de hechos nos ganan o nos pierden para siempre

Las palabras son mecanismos importantes de expresión, a través de ellas podemos tocar las fibras más sensibles de alguien, podemos traer a su mente vividas imágenes, podemos sembrar la esperanza o lastimar profundamente. La palabra es sin duda un recurso inmediato para transmitir lo que sentimos o pensamos, nuestras promesas, nuestros miedos, nuestros secretos y todo aquello que nuestra mente y corazón guardan.

Ellas no pueden ser recogidas, una vez pronunciadas, una vez que generan una herida, pueden ser perdonadas pero difícilmente olvidadas, así que debemos cuidarlas, debemos vigilar su salida de nuestros labios, procurando siempre que ellas aporten algo positivo, aun en momentos de crisis, que sean de consuelo, de paciencia y de esperanza, que sepan decir cómo nuestro corazón se acelera ante la presencia de alguien, que sepan dar ese consejo que creemos importante. No descuidemos nuestras palabras, porque son un reflejo de lo que pensamos y normalmente la base de los hechos en nuestras vidas.

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“La felicidad consiste en poner de acuerdo tus pensamientos, tus palabras y tus hechos. ― Mahatma Gandhi”

 

Efectivamente la palabra es de gran importancia, pero los hechos son los que realmente hablarán de nosotros, los que nos harán permanecer en la vida de alguien o salir de ella por la puerta trasera. Nuestros hechos definen en gran medida lo que somos, aquí no basta la intención, sino la capacidad de acción, el compromiso y la disposición para ejecutar acciones.

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Ciertamente lo ideal es que nuestros hechos sean congruentes con nuestras palabras, pero si debiéramos escoger, la mayoría decantaría por los hechos, sin importar la ausencia de palabras. ¿De qué sirven palabras que nos endulzan los oídos, si las acciones nos amargan la vida?

Hablar puede ser sencillo, actuar requiere de esfuerzo, de una inversión de energía mayor, es por ello que muchas personas se quedan en palabras, flotan en promesas y se dispersan con facilidad. Solo quien es capaz de actuar, de asumir un compromiso, de estar cuando se necesita, de representar, es quien logra anidar en el corazón de alguien más.

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“Un caballero se avergüenza de que sus palabras sean mejores que sus hechos.― Miguel de Cervantes”

 

No restemos valor a la palabra, siempre resultará positivo expresarnos de manera verbal, decir lo que nos gusta, lo que valoramos, lo que preferimos tener lejos… Es importante decir te amo, te extraño, eres importante en mi vida… Son importantes las promesas, las intenciones, los acuerdos… Aclarar dudas, hacer preguntas, conocernos… Todo esto es vital y se consigue en gran medida a través de palabras, algunas que pronunciaremos con facilidad y otras que se nos atracarán en la garganta… Aprendamos a decir, pero especialmente aprendamos a hacer, a materializar, a concretar, a dejar nuestra huella con acciones que el viento no pueda borrar.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet