La soledad puede ser adictiva, incluso hasta peligrosa

La mayoría de nosotros no está acostumbrado a estar solos, muchos cuando lo están sienten que no es algo que realmente hayan elegido y se pasan su tiempo tratando de encontrar a alguien que les haga compañía, es como si estar solos representara una especie de penitencia o fuese el resultado de no haber podido establecerse en vínculos de pareja.

Inclusive hay muchos que dicen que no necesitan una pareja a su lado, pero en realidad pasan muy poco tiempo con ellos mismos, llaman a amigos, a familiares procurando siempre contar con alguien para hacer cosas en las cuales se sienten más cómodos estando con alguien más.

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Pero quien le ha dado tiempo a la soledad, bien sea por algún tropiezo en su relación o simplemente porque su ser se lo ha pedido a gritos y ha decidido escuchar esa sabia voz, puede descubrir lo que en compañía jamás haría.

Una persona en soledad aprende a conocerse, a valerse por sí misma, a disfrutar las cosas de la vida sin la postura que asumiría ante alguien más, sus sonrisas son más espontáneas, sus motivos son más genuinos, puede aprender a vivir para sí misma sin considerar importante el efecto de sus reacciones en el otro, se va conociendo y reconociendo cada día.

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Y mientras más oportunidad le da a la soledad, más la aprecia, más la valora, más la desea, más la extraña cuando alguien se acerca. La soledad le da paz, le ofrece una versión que desconocía hasta el momento en el cual decidió rendirse ante ella y partir de esa conexión propia que únicamente se experimenta en soledad, las expectativas de sus relaciones pueden subir sus estándares, no permitiendo que alguien llegue a sustituir esa tranquilidad por algo perturbador.

Es un riesgo grande encariñarse demasiado con la soledad, porque en realidad somos la mejor compañía que podamos tener, pero si nos basamos en ello y comparamos nuestros espacios de tranquilidad, plenitud y libertad que sentimos al estar cómodamente solos, con cómo nos sentiremos con alguien más, considerando que las relaciones son súper enriquecedoras, pero llevan consigo una serie factores que generan diferencias, estrés, demandan tiempo y atención, podríamos comenzar a verlas como limitantes y terminar evadiéndolas.

Lo mejor que nos puede ocurrir cuando apreciamos la soledad es reconocer que no dependemos de nada, ni de nadie para sentirnos plenos y a partir de allí sencillamente dejar de esperar, esperar a alguien que nos haga feliz, que nos facilite la vida y menos que llene nuestros espacios. Y saber que podemos relacionarnos con alguien más sin nexos de dependencia, nos ofrece la oportunidad de escoger con mayor criterio y tener la paciencia necesaria para ocupar lugares especiales en nuestros corazones.

Hombre leyendo junto a pajaros

La soledad siempre estará disponible para nosotros y eso es lo más especial de esa íntima relación. Podemos recurrir a ella cuando la necesitemos, podemos refugiarnos en nosotros mismos, incluso estando en compañía. Permitámonos conocerla y conocernos a través de ella y cuidemos que no sea una amenaza para el resto de nuestras relaciones, sino que siempre sume a nuestras vidas.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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