Cuando te aceptas a ti mism@, deja de importarte lo que los demás piensen de ti

Aceptarnos tal y como somos es una de las demostraciones de amor propio que más nos beneficia, el querernos como somos, el apreciarnos, el ser considerados inclusive con nuestros errores, nos aleja de creencias que nos perjudican y nos hace atraer a nuestra vida experiencias en donde reafirmamos nuestro auto concepto.

El hecho de saber que no necesitamos gustarle a todos, que no necesitamos la aprobación de otros para validar nuestra vida, que podemos respetar nuestro ritmo de crecimiento, sin juzgarnos duramente o arrastrar culpas, resulta en una manera de vivir que nos acerca a la libertad.

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Las prisiones son mentales, representan todas aquellas cosas que decidimos que nos limiten. Cómo nos vemos físicamente, cómo nos expresamos de nosotros mismos, qué opinión tenemos de nosotros cuando nadie nos escucha, cuando nadie nos ve, qué esfuerzos hacemos para ser o dejar de ser lo que realmente nos hace sentir cómodos, qué importancia le damos a la opinión de los demás, cuáles son nuestras pautas de merecimiento y qué creencias las soportan, son algunos indicadores de cómo llevamos el tema de aceptarnos.

La opinión más importante acerca de nosotros mismos es la nuestra, ni siquiera porque la de los demás no deba importarnos, sino porque a partir de las creencias que tenemos en relación a nosotros, crearemos y materializaremos nuestra vida.

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Escuchemos a los demás y validemos la información que tienen en relación a nosotros, muchas veces tenemos puntos ciegos que no nos hacen ser conscientes de algunas características o conductas que podamos presentar, para lo cual una opinión externa puede ser de ayuda. Rescatemos lo útil de cada opinión y que esto sea positivo para nuestro crecimiento, que no genere un complejo ni mucho menos nos haga adaptarnos a lo que los demás esperan de nosotros.

Esta vida es un suspiro, es corta para todo lo que quisiésemos conocer, vivir, aprender, pero sea lo que dure, por lo menos asegurémonos de que estamos encaminados en realizarnos, en atendernos, queriéndonos, aceptándonos y siendo lo más justos posibles con nosotros, sin que la opinión de los demás sea determinante en nuestras vidas, sin que la necesidad de aceptación por parte de otros, nos haga convertirnos en quienes no somos o dirigirnos hacia un rumbo distinto al que queremos.

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Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet