A veces no se trata de entender, sino de aceptar

Muchas veces nos empeñamos en buscar el porqué de las cosas, nos rompemos la cabeza haciéndonos miles de preguntas de cómo llegamos a esa situación, qué hicimos de alguna forma particular para obtener algún resultado… nos planteamos escenarios hipotéticos, considerando acciones diferentes de nuestra parte y no logramos entender cómo estamos en una situación determinada.

La mayoría de las veces en las que nos enfrentamos a alguna vivencia desagradable, nuestra reacción natural es el rechazo, nos resistimos a la experiencia como tal y a través de este rechazo logramos alargar la pena y el sufrimiento que este nos genera.

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El hecho de entender una situación no necesariamente nos quita el dolor, en efecto puede incrementarlo, comprender quizás nos hace más conscientes y nos da la oportunidad de sacar mayor provecho a aquello que hoy nos genera malestar, sin embargo, es la aceptación la que abrirá la puerta de desahogo para nuestra pena.

Aceptar nos permite soltar, dejar ir de nuestra mente y de nuestro corazón, todo lo negativo que una experiencia ha generado, sin dejar de sacarle el respectivo provecho. Nos permite decir: esta es la realidad y aunque no me agrade, la acepto… la acepto tanto como si yo la hubiese escogido. Esto nos permite ver nuestra realidad de una forma más noble y a su vez aligerarla del drama.

Aprender-a-renunciar

Justo a partir del momento que decidimos aceptar, paradójicamente comenzamos a entender, porque la aceptación nos permite ver las cosas desde otra manera, el dejar de resistirnos, el dejar de negarnos, nos permite fluir con la circunstancia hasta lograr atravesarla, sin que ella nos rompa en dos.

Es fundamental no estancarnos a tratar de encontrar las causas, a pretender saberlo todo con respecto a lo que nos está ocurriendo, a veces solo basta con aceptar, para que las puertas comiencen a abrirse de la forma más conveniente para nosotros.

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Muchas veces tratando de darnos respuestas, que pueden o no estar disponibles para nosotros, nos metemos en una especie de tanque de agua sucia, buscando y buscando, a ese tanque solo entra la contaminación del dolor que nos genera estar allí y cada vez el agua es más turbia, y los espacios donde podemos tomar aire se achican… Cuando aceptamos, se abre una compuerta de desagüe, toda esa agua comienza a salir y en paralelo otras pequeñas compuertas de luz comienzan a abrirse, entrando por ellas agua perfectamente cristalina, allí todo comienza a aclarar, encontramos sin dolor todas las respuestas que hemos estado buscando.

Ante cualquier situación de dolor decide aceptar en primera instancia y la luz que necesitas vendrá a ti en consecuencia, ofreciéndote el entendimiento y las respuestas que necesites.

 

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