9 Formas en las cuales atraemos pobreza a nuestras vidas

La verdadera pobreza es aquella que llevamos en nuestras mentes, donde albergamos limitaciones y fomentamos la escasez en nuestras vidas. La prosperidad, la cual puede estar asociada a todo lo que queramos que podamos medir en ausencia o presencia, o bien en cantidades, por ejemplo: los recursos económicos, el amor, la salud, los amigos… en fin… tanto la pobreza como la riqueza puede aplicarse a cualquier cosa a la cual le demos valor.

La pobreza comienza y termina en nuestras mentes, tenemos diversos mecanismos para alejarla de nuestras vidas, pero también maneras de atraerla y mantenerla, acá te presentamos algunas de estas formas, que como introducción te recomendamos descartar de su vida:

Establecer limitaciones a tus capacidades: Una cosa es reconocer que no contamos con determinados recursos en un momento dado y otra es convencernos de que no somos capaces de llevar a cabo una determinada acción. Adquiramos lo necesario y lo más importante será convencernos de que sí podemos, sin aun entender bien cómo llegaremos al destino deseado, es prioritario alimentarnos de que tenemos la capacidad para hacerlo.

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Rodearse de personas que solo restan a nuestras vidas: Algunas personas tienen un arte especial para descapitalizarnos, para robarnos energía, para sembrarnos desesperanza y solo representan un menos. En la medida de lo posible debemos evitar al menos el alcance de esas personas en nuestras vidas y por el contrario, procurar rodearnos de personas que nos aporten cosas positivas, que nos alienten y confíen en nosotros.

Ser excesivamente ahorrativos: La planificación y el ahorro son muchas veces recursos que nos ayudarán a alcanzar muchas cosas que deseemos. Sin embargo una mentalidad extremadamente ahorrativa, nos llenará de la idea de escasez, de esa que nos dice aprovecha de guardar ahora, porque no sabes si mañana tendrás la oportunidad de hacerlo y de esta manera dudamos de lo que podemos recibir a futuro.

Ser excesivamente gastivos: Ambos extremos nos perjudican, cuando no controlamos nuestros egresos, especialmente en relación con los ingresos, podemos vernos en un déficit que nos cueste trabajo solventar.

Dedicarnos a lo que no nos gusta: Si dedicamos nuestras energías a lo que no nos agrada, la magia no llegará. El caudal de prosperidad se activa cuando hacemos lo que amamos, cuando nuestro tiempo lo invertimos en aquello que nos alimenta el alma, así no importa si la riqueza va de la mano, nuestra alma se siente plena y desde este punto todo toma dimensiones asociadas a la prosperidad.

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No dar o compartir: Cuando somos mezquinos, cuando todo lo queremos para nosotros mismos sin compartir nada que nos importe, no experimentamos el maravilloso efecto que tiene en nosotros el dar, que no solo produce un placer único, sino que a través de él sembramos en el universo lo que nos hace recibir mucho más de lo dado. Sin embargo, no debemos pensarlo como un negocio, debemos aprender a dar y a compartir de corazón, porque el universo siempre percibe las verdaderas intenciones y en función a ellas nos retribuye, para bien o para mal.

Esperar que alguien distinto a ti mismo “resuelva tu vida”: Allí estás decretando tu incapacidad para valerte por ti mismo y te acostumbrarás a depender de cualquier otra persona para alcanzar lo que quieres y desde allí solo atraerás relaciones de dependencia  a tu vida. Solo tú debes ser el encargado de conseguir lo que quieres con tus propios recursos, que son infinitos, solo debes convencerte de ello.

Pensar en pequeño: Cuando tienes solo sueños diminutos, cuando te acostumbras a conformarte, en esa medida te acostumbras a crear. No hay problema en ello, si de ese tamaño son tus aspiraciones, pero ten en cuenta que a pesar de no necesitar nada realmente, puedes tener en tu vida todo aquello que quieras.

Centrarte en lo material: Muchas veces vinculamos la felicidad y la tranquilidad a los ceros de una cuenta, a los activos, etc. Y corremos el riesgo de desvalorar lo que realmente define la riqueza, que aunque puede ser variable y relativa para cada quien, quienes realmente la sienten no son precisamente los más adinerados, sino los que sienten mayor plenitud, la que sale del corazón y no de los dividendos de las acciones.

Enfócate en lo que sí quieres y comienza a crear la vida que quieres.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet