RINCÓN del TIBET

Si te vas de mi vida sin razones no vuelvas con excusas

Todos tenemos nuestras razones cuando nos retiramos de la vida de alguien, a veces de mayor peso y otras veces, solo lo suficiente como para convencernos de que lo mejor que podemos hacer es retirarnos, incluso cuando la persona que resulta alejada de nuestras vidas no lo entienda o lo comparta.

No podemos mandar en los sentimientos de los demás, las personas vienen y van, de acuerdo a lo que en algún momento quieren para sus vidas. Sin embargo, muchos de nosotros habrá experimentado el regreso de aquel que se fue en algún momento, sin que lo hubiésemos preferido así, sin que lo pudiésemos siquiera entender, porque ante nuestros ojos, no hubo suficiente argumento, a veces ni siquiera una explicación.

Dejando de lado los juicios

Más allá de juzgar a las personas que fueron parte de nuestras vidas, es oportuno entender que aun cuando las personas puedan haber aprendido a hacer las cosas distinto, puedan haber valorado lo que representamos para sus vidas e inclusive puedan haberse dado cuenta de sus sentimientos, aclarándolos, comparándolos y prefiriéndolos, eso no es garantía de que abrir la puerta a esa persona que una vez se marchó, resulte la mejor idea.

A veces el amor no llega cuando queremos y cuando lo hace, ya lo consideramos inoportuno, al menos de una persona en particular y tenemos que aprender a evaluar nuestras opciones y tomar las decisiones que mejor vayan en sintonía con lo que sentimos y con lo que pensamos.

Cuidemos las formas

Alguien que se fue de nuestras vidas de forma abrupta, dejándonos con planes, con sentimientos y con ganas de continuar, buscó para su vida lo que consideró conveniente, colocó sus prioridades por encima de las mutuas y tomó la decisión de dejarnos por fuera. Esto genera una herida, la del abandono, una de las más difíciles de sanar y que pueden generar mayores problemas en nuestras relaciones futuras.

Tomar a la ligera el dejar a alguien resulta bastante egoísta, no se trata de quedarnos encadenados donde no queremos, procurando no hacer daño por nuestra partida a alguien que apreciamos y quizás hasta amamos, pero simplemente no queremos que se mantenga como nuestra pareja. Pero sí se trata de cuidar las formas, procurando que las decisiones irreversibles sean lo más consideradas con el otro posible.

Todo lo que hacemos, de alguna manera vuelve a nosotros y no sabemos si con la misma persona. Por lo que así sea por estrategia y prevención, debemos ser cuidadosos con los que forman parte de nuestras vidas, procurando no generar heridas adicionales, procurando cierres de ciclos que permitan inclusive una posterior amistad.

Que el respeto prevalezca

Respetemos al otro, respondamos sus dudas, sus inquietudes, escuchemos sus reclamos, porque si pretendemos marcharnos, sin que sea un acuerdo mutuo, es seguro que estaremos dejando una herida en la otra persona. Así que procuremos que no sea más profunda de lo netamente necesario y ayudemos en lo que esté a nuestro alcance en su cicatrización.

Hoy podemos estar muy seguros de querer marcharnos, por los motivos que nos parezcan, pero luego de dar una que otra vuelta, quizás podemos aprender a valorar lo que tuvimos con alguien y quizás hayamos tenido tan terrible despedida, que ello represente lo imposible del inicio de una nueva oportunidad.

Los sentimientos se honran y se respetan. Que alguien nos quiera y desee estar con nosotros, con nuestras luces y nuestras sombras, se debe apreciar, se debe agradecer y debe ser el punto de partida para procurar una despedida que no destruya, sino que demuestre el valor que le damos a lo que esa persona siente por nosotros y justamente por no poder corresponder de la manera que esa persona se merece, consideramos necesario decir adiós.

Pensemos en que lo que hagamos o digamos mientras cerramos una relación, formarán los últimos recuerdos que quizás una persona tenga de nosotros… Hagamos lo posible porque de nosotros siempre tengan los mejores recuerdos.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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