RINCÓN del TIBET

Por los que llamamos amigos alguna vez un minuto de silencio

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Un minuto de silencio por esos que alguna vez llamamos amigos

Llamamos amigos a personas que por afinidad llegan a nuestras vidas y se hacen espacios más importantes en ella que las mismas personas que por consanguinidad llamamos familia. Son los hermanos que escogemos, algunos más o menos cercanos, pero cuando llamamos a alguien amigo, más que por un acto cortés, es porque le hemos dado la bienvenida a nuestras vidas, con la intención de un para siempre.

Absolutamente todo cambia, sin embargo, cuando hablamos de nuestros amigos, nos cuesta muchísimo reconocer que ese valioso nexo pueda ser sustituido por otro. Perder un amigo, por los motivos que sean, duele.

Lamentablemente algunas relaciones se pueden deteriorar por diversos motivos, sin embargo, cuando una amistad se rompe, esto es consecuencia de una o varias malas acciones llevadas a cabo por uno o ambos miembros.

Si bien es cierto que la distancia puede enfriar una amistad, también lo es que los verdaderos amigos pueden estar mucho tiempo sin establecer contacto y reencontrarse parece enlazar el último punto en el que estuvieron juntos con el presente, como si nada hubiese ocurrido. El cariño y la hermandad se mantienen.

Sin embargo, cuando la amistad atraviesa traiciones, engaños, abusos, calumnias, cuando de forma intencional o consciente una de las partes daña a la otra, difícilmente esa amistad pueda continuar.

Lo más triste de la traición es que nunca viene de un enemigo.

 

Podemos partir de que si termina, nunca fue una verdadera amistad. Pero esto sería no entender que las cosas cambian de manera constante y no se excluyen de la lista: las prioridades, los sentimientos, los intereses, las maneras e incluso las formas de reaccionar y valorar. Estos cambios, cualquiera de ellos puede dar paso a conductas inadecuadas, a separaciones irreversibles, a heridas y así a rupturas.

Cuando una amistad termina y más cuando lo hace en términos comprometedores, puede resultar un factor adicional de preocupación el manejo de información del otro. Como sabemos la confianza en un amigo es amplia y ello lleva consigo el haber llenado un saco muy grande de confesiones, de intimidades, incluso de cosas que nos gustaría mantener en secreto. Por lo que acá ambas partes quedan sujetas a la ética del otro.

Evidentemente el deshacer los lazos con alguien que llamamos amigos no está dentro de las metas iniciales en la relación. Pero puede pasar, por ello, si no queremos sentirnos expuestos a que nuestra intimidad sea vulnerada, debemos cuidar la información que damos y si hay algo que queremos mantener en secreto, pues nuestro interior es el mejor recinto para ello.

Las amistades se pueden recuperar a muchos tropiezos, pero por lo general no vuelven a ser las mismas. Es por ello, que te invito a disfrutar de tus amigos, a valorarlos y a cultivar esa relación, procurando cuidarla de tal forma que sobre ti no caiga la responsabilidad de su ruptura.

Y no nos lamentemos por esos que alguna vez llamamos amigos e hicieron lo necesario para estar fuera de nuestras vidas… La vida tiene curiosas formas de limpiar tu camino para que llegues a donde te conviene llegar.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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