RINCÓN del TIBET

Si no puedes hacer algo bueno por alguien, no le hagas daño

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Si no puedes hacer algo bueno por alguien, al menos no le hagas daño

Hacer algo bueno por alguien, no solo es positivo para la persona que recibe los beneficios de nuestra acción, sino que se traduce en un beneficio personal. Lo ideal sería no hacer nada por otra persona esperando recibir alguna recompensa, sin embargo, no es opcional que lo que sembremos lo recibamos, no necesariamente de la misma persona, pero invariablemente lo que demos al mundo vendrá de vuelta.

Adicionalmente, está comprobado que dar y ayudar a los demás genera un bienestar inclusive mayor que el recibir. El sentirnos útiles para alguien, el sentir que podemos hacer algo positivo por quien lo necesita, activa en nosotros hormonas como la oxitocina y serotonina, haciéndonos inclusive más sanos y felices.

Muchas veces sale de nuestro alcance el ayudar a alguien que lo necesite, generalmente porque no podemos. Cuando no queremos, entra en juego normalmente el egoísmo, donde teniendo los recursos, nos cruzamos de brazos y jugamos el rol de indiferentes o indolentes ante alguna situación.

Lo cierto es que no estamos obligados a procurar el bien en otro, pero sí no podemos adoptar esto como forma de vida, al menos procuremos no hacer algo mal. Hay muchas maneras en las cuales podemos hacerle daño a otra persona, sin ni siquiera darnos cuenta. Acá presentamos algunas de estas maneras para tomar consciencia de ello:

  • Colocando siempre nuestras necesidades por encima de las de los demás
  • No reconociendo en el otro su valor, su esfuerzo o sus méritos.
  • Utilizando a alguien para beneficios propios.
  • Manipulando a los demás para obtener un resultado determinado.
  • Engañando o mintiendo.
  • No dándole espacio a otra persona para que se desarrolle.
  • Menospreciando sus sueños y sus metas.
  • Haciendo sentir al otro incapaz o limitado.
  • Maltratando emocional, psicológica o físicamente.
  • Suministrándole lo que necesite en lugar de darle herramientas.
  • Traicionando la confianza depositada en nosotros.
  • Deseándole mal, envidiando o esperando que no llegue tan alto.
  • Procurando cambios en el otro para que se adaten a lo que deseamos.
  • Creyéndonos superiores a los demás.

Así como las mencionadas, hay muchas maneras de hacerle daño al otro, quizás sin mala intención o sin considerar las consecuencias. Pero debemos aprender a ser empáticos, estar conscientes de nuestro efecto sobre los demás y sobre todo no hacerle a nadie lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros. Siempre podemos hacer el bien y esto es una decisión, a veces al procurar el bien de los demás, perdemos un poco de nuestra comodidad, por eso algunas veces puede llegar a costarnos, pero al menos si no podemos procurar en el otro algo positivo, limitémonos a no interferir en su vida de manera negativa.

Por:  Sara Espejo – Rincón del Tibet

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