RINCÓN del TIBET

No necesitas demostrarle nada a nadie, si sabes quien eres

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Mientras tú sepas quien eres, no necesitarás demostrar nada a los demás

Muchas veces por necesidad de aprobación, buscando ser aceptados en algún entornos y reconocidos por personas que resultan de nuestro interés, buscamos la manera de demostrar a los demás de lo que somos capaces, cómo somos o de qué estamos hechos.

Resulta que cuando estamos claros nosotros mismos en quienes somos, cuáles son nuestras creencias, de dónde venimos y hacia dónde queremos ir, será más difícil que optemos por darle importancia a lo que otras personas opinen de nosotros, y no nos interesara demostrarle a nadie lo que somos.

No importa si alguien nos cree capaz o no, aunque podemos tomarlo como un reto, nuestra verdadera finalidad no debe estar en la satisfacción de mostrarle a quien no confió en nosotros que sí pudimos, a pesar de su opinión. Lo importante realmente es la seguridad que nosotros sentimos sobre lo que hacemos, lo que aprendemos, sobre cada paso que damos.

La vida no se trata de ir afuera, sino más bien de ir adentro, cuando buscamos proyectar en lugar de internalizar, generalmente estamos tratando de alimentar a nuestro ego, en lugar de conocernos a nosotros mismos.

No le vamos a agradar a todo el mundo, habrá personas que estén de acuerdo con nuestra manera de hacer las cosas, otras que estarán en contra y muchas otras a quienes no les importará lo que hacemos o dejamos de hacer. Pero lo importante no es qué hagan nuestros observadores, sino cómo permitimos que esas opiniones nos afecten.

Las críticas y juicios, aun cuando no sean bienintencionadas, pueden aportarnos mucha información de nosotros mismos que capaz no estamos viendo. Sin embargo una cosa es aprovechar prácticamente una información para conseguir una oportunidad de mejora y otra diferente es necesitar demostrarle a esa persona que está equivocada o cambiar por el simple propósito de complacer o demostrar algo diferente a los demás.

Todos tenemos una forma particular de ser y una forma de ver a nuestro alrededor. Nosotros mismos en mayor o menor medida somos jueces de quienes observamos. Todos de alguna manera esperamos que los otros actúen de determinada manera y damos poca honesta libertad para que todos sean como quieren ser, sin esperar nada de ellos, sin juzgar y sin esperar que nos demuestren que tenemos razón o estamos equivocados.

Puede ser que esa sea nuestra naturaleza, pero podemos de cualquiera de los dos lados hacer lo posible por darle libertad a quienes nos rodean y no sentir en la aprobación la inclusión, el cariño o el respeto. Todos somos valiosos y todos merecemos ser respetados por lo que somos y es responsabilidad de cada quien comenzar por aceptarse, valorarse y quererse y desde el amor efectuar los cambios que considere necesario, buscando una mejor de sí mismo, para sí, no para complacer a alguien más.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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