RINCÓN del TIBET

Miedo a volverse a enamorar

Miedo a volverse a enamorar

 

Dicen que de los “grandes amores”, tenemos mucho que aprender, sobre todo si estos perduran en el tiempo.

 

Es digno de admirar que dos seres sepan conservar el amor al transcurrir los años, sobre todo si envejecer al lado de la persona a quien más amas es sinónimo de saber descifrar la mirada, de aguantar con paciencia infinita, de saber confortarla en los momentos tristes, de conocer sus gustos y disgustos, de comprender sus reacciones, de admirar sus esfuerzos y manera de pensar, de converger en la forma de sentir para saber combatir las adversidades cogidos de la mano.

Pero cuando las cosas no salen como las esperábamos o como las planeábamos, la tristeza nos acorrala para dejarnos a la merced de la desesperación y la frustración. Pero sobre todo, nos convertimos en presa fácil de la desconfianza y el miedo, cuyas garras nos impiden volver a enamorarnos. Cuando el desamparo emocional atrapa el alma y las lágrimas inundan los ríos de todo nuestro ser, es entonces cuando la soledad nos envuelve en el suave manto de la incertidumbre ¿como es posible que después de haber amado tanto a una persona, tenemos que resignarnos a perderla y aprender aceptar que ya no está? ¿tenemos que desprendernos de ella y despedirnos, para dejarla ir?

Muchas personas que supieron disfrutar del amor en sus vidas hoy tienen temor de volver a experimentar ese sentimiento; ya sea porque el final fue doloroso o porque no quieren perder su libertad. El amor saca lo mejor de cada uno. Sin embargo, cuando termina, aquella luz que antes encandilaba se convierte en la más absoluta oscuridad. Y hay muchos que, tras experimentar ambos extremos, prefieren no dejarse hipnotizar más por las lucecitas del amor.

Cualquiera que sea la causa, el resultado es siempre el mismo: la soledad, que no siempre es bien recibida. De hecho, la mayoría manifiesta sus deseos de encontrar pareja, enamorarse y abandonar la soltería, porque no son conscientes de este miedo que subyace a su imposibilidad de relacionarse con el otro.

A estas personas les cuesta darse cuenta de que, en el fondo, tienen terror a abrirse a una relación y a lo que esto implica, es decir a mostrar las vulnerabilidades, al miedo al abandono, al fracaso. El miedo es una señal de alerta que nos protege del peligro. Una persona activa esta alarma cuando ve algo que le puede perjudicar a su alrededor.

Cuando una persona se relaciona con otras, naturalmente activa esta alarma cuando ve algo que puede ser perjudicial. Cuando esto ocurre la persona tiende a evitar el amor o las situaciones relacionadas. ¿Qué pasa si tienes miedo? Debes superarlo. Atravesándolo, es normal sentir este temor, lo importante es que no nos paralice y que, por el contrario, nos ayude a tomar impulso para enfrentarnos nuevas situaciones.

La única manera de que desaparezcan los miedos es caminando sobre ellos para que desaparezcan y se transformen en oportunidades para vivir experiencias nuevas. Así que no esperes, vivir con amor es una gran experiencia, ¡ábrete!

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