RINCÓN del TIBET

Hay una diferencia entre cuidar tu corazón y clausurarlo

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Hay una gran diferencia entre cuidar tu corazón y clausurarlo

El amar trae consigo algunos riesgos y quienes hemos sufrido una o varias decepciones podemos tener la tendencia a sobreproteger el corazón, tratamos de cuidarlo lo mas posible para evitar exponerlo demasiado ante situaciones de sufrimiento potencial.

Sin embargo, si no queremos perdernos de una de las cosas más maravillosas de la vida, pues debemos entender que los límites son saludables en la mayoría de las cosas y en este caso, es importante aplicar límites al cuidado que le damos a nuestro corazón.

Podemos hacernos un poco más prudentes, podemos evitar desbocarnos desde un principio, pero nunca debemos negarnos a la posibilidad de amar nuevamente, de entregarnos de verdad, con el cuerpo, con la mente, con el alma… Ese amor que sentimos desde lo más profundo de nuestro ser y nos hace vivir de una manera diferente, no lo podremos experimentar sinos escondemos en una armadura que nadie es capaz de penetrar.

¿De qué nos sirve cuidarnos de que nadie nos lastime? negándonos a sentir, nosotros mismos nos estamos haciendo daño ¿No es mejor negocio aprender a disfrutar la vida con todos sus matices? Cada amor es diferente, cada historia es distinta, aun con una misma persona, podemos experimentar diferentes tipos de amores con el paso del tiempo. Que una o varias veces no haya funcionado, no significa que siempre será así.

Y siendo honestos, aun cuando todos los intentos fallen, puede resultar al menos enriquecedora y divertida cada experiencia que sumemos a nuestras vidas. Cada persona con la cual nos relacionamos llega a enseñarnos algo, a mostrarnos una parte de nosotros mismos proyectada a través de ellos, llega a darnos nuevas perspectivas de la vida, a ofrecernos una nueva forma de amar… Aun cuando eso no tenga el fin que esperamos, ¿no representa una ganancia en nuestras vidas?

Cuidar nuestro corazón y cerrarnos al amor por una mala experiencia es algo así como someternos a alimentarnos a través de una vía intravenosa, porque tuvimos alguna indigestión… Comer es un placer, que nada, ni siquiera una indigestión nos lo debe privar, lo mismo ocurre con el amor… Amar es un placer, es un regalo, es un beneficio…

Nadie pierde por dar amor, solo pierde quien no sabe recibirlo… Y sí, probablemente a lo largo de nuestras vidas nos toque jugar en ambos bandos, porque no siempre sabremos recibir el amor que alguien nos ofrece, pero asegurémonos de procurar que el amor que dimos prevalezca sobre cualquier cosa, porque a fin de cuentas, no sabemos cómo ni cuándo, lo que damos siempre vuelve a nosotros.

Si queremos ser amados, comencemos por amar… Esta bien cuidar nuestro corazón pero clausurarlo solo nos hará más daño del que ya pudimos haber sentido. El perdón se encarga de poner amor donde hubo dolor… Y a partir de un corazón con heridas sanadas es más sencillo pensar en un mañana y en un recomienzo en el amor.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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