RINCÓN del TIBET

A veces hay que alejarse de ciertas personas para ser feliz

A veces hay que alejarse de ciertas personas para ser feliz

Es bastante complicado sentirse bien cuando tienes a tu lado a alguien amargándote la existencia. Hay personas que nos someten emocionalmente y apenas nos damos cuenta.

En este sentido, lo cierto es que estamos tan acostumbrados a sentirnos en la obligación de aguantar a los demás y sacrificarnos que no nos permitimos mirar por nosotros y liberarnos de este tormento.

De esta manera, tenemos que conseguir alejarnos de todo aquello que mina nuestra moral, merma nuestra autoestima y bloquea nuestra capacidad de creación. Para ello, en principio tenemos que controlar el papel que desempeñan nuestras expectativas. A estas alturas ya debemos saber que esperamos tanto de los demás que somos incapaces de aceptar la realidad tal y como es.

O sea, que nos empeñamos en mantener una imagen de los demás que somos incapaces de sostener. Esto ocurre por muchos motivos, principalmente porque la gente cambia, porque con el tiempo nos muestran su verdadera  cara, porque nosotros cambiamos o porque nos damos cuenta de la realidad.

En este contexto, lo importante es poner en orden nuestras esperanzas y analizar qué es lo que nos ha conducido hasta la agonía emocional que vivimos. Sea como sea, alejarse de alguien o de algo  y tomar perspectiva es un proceso lento y, en ocasiones, doloroso.

Por eso, tenemos que armarnos de valor y comprender que todo redundará en un beneficio, a pesar de que al principio nos cueste entenderlo como tal. Cuando logramos salir de este tipo de ambientes, el cambio y el orgullo que sentimos es inmenso.

Obsequia a quien te daña con tu indiferencia

Cuando nos percatamos de que alguien nos está ahogando emocionalmente sentimos la necesidad de huir. En este sentido, hay veces que no podemos llevar a cabo una fuga física, pues la persona que nos amarga pertenece a nuestra familia o a nuestro entorno laboral, por ejemplo.

Sea no posible la huida, lo importante es alcanzar la capacidad de ignorar emocionalmente a esas personas que nos están haciendo daño. O sea, tenemos que regalarles, como compensación, nuestra ausencia.

En realidad esto no es para nada sencillo, ya que al principio genera dentro de nosotros un conflicto importante. Sin embargo, jugamos con la ventaja de conocer a nuestro “enemigo”, lo que nos ayuda a predecir sus comportamientos y actuar en consecuencia.

Esto es útil para gestionar los primeros momentos a la hora de trabajar nuestra indiferencia… Mientras tanto debemos conseguir querernos y reafirmarnos, ayudando a nuestras emociones a protegerse de los intercambios tóxicos. En definitiva, que debemos aspirar a ignorar ciertas actitudes dañinas como las siguientes:

1. Las críticas. Solo nosotros podemos darle validez a las opiniones de los demás. Hay gente que se pasa la vida opinando de manera infundada y sin ningún criterio sobre nuestras decisiones y nuestra vida. Sabiendo esto, párate a pensar si lo que esa persona a dicho te aporta algo positivo o no.

2. El egoísmo. Vivimos en un mundo en el que, tristemente, los intereses y los egoísmos  desempeñan un papel más que relevante. De hecho, nos han enseñado a ser individualistas en exceso, por lo que no es de extrañar que nos encontremos siendo marionetas de las pretensiones de los demás.

3. El autoensalzamiento y el menosprecio. Hay personas verdaderamente capaces de frustrar a los demás haciéndoles sentir menos capaces y mermando su autoestima. Así, podemos encontrarnos con alguien que ensalza su exclusividad o pretende hacernos creer que nosotros nunca conseguiremos algo. Ten muy claro que la potestad sobre tus logros la tienes tú, no los demás.

Piensa que no tiene mucho sentido seguir aguantando que alguien te bombardee con mensajes negativos, no te machaques más de lo inevitable y date cuenta de que no todo el mundo tiene siempre buenas intenciones. Recuerda que la vida es demasiado corta como para respirar angustiado.

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