RINCÓN del TIBET

No sirve impacientarse, todo llega cuando tiene que llegar

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De nada sirve impacientarse, todo llega cuando tiene que llegar

Esto podría sonar un poco a: “el destino está escrito”, podríamos asumir que si le damos validez a que todo llega cuando tiene que llegar, no tenemos mucha capacidad de acción, de control y de elección de lo que ocurre en nuestras vidas, y por ello no vale la pena impacientarse. Sin embargo, esto no es más que una invitación a fortalecer nuestra paciencia, a aprender a esperar, a saber cuándo actuar y a entender que nada de lo que nos ocurre, lo hace de manera casual, todo corresponde a un proceso, todo es consecuencia de nuestras acciones y decisiones.

Es por ello que no nos es posible creer que todo está escrito, que hay un destino trazado, pero sí que nada ocurrirá a destiempo, si no estamos preparados para que algo ocurra, si no estamos listos para conocer a alguien, si es necesario aprender ciertas lecciones antes, pues estaremos en posición de esperar a que las condiciones estén dadas.

No hay que impacientarse, tenemos control sobre nuestros procesos personales, podemos tomar consciencia de cada paso, podemos dejar de vivir por inercia y sencillamente ir indagando y aprendiendo de cada experiencia. Más allá de los sentimientos que guardemos, más allá de las emociones que una situación despierte en nosotros, debemos tratar de encontrar respuestas que nos ayuden a crecer.

Nuestro inconsciente está en un aprendizaje continuo, pero la práctica es la que ayuda al inconsciente a fluir con cada experiencia. Parte del proceso de adquisición de información parte del raciocinio, de dedicar tiempo para aprender, de entender los “para qué” de lo que nos ocurre.

En cada paso que demos, nuestra actitud será determinante, mientras más ansiosos estemos, mientras más preocupaciones tengamos, más difícil será fluir con la experiencia y más trabas colocaremos para llegar a donde queremos estar. Solo la paciencia y la calma nos permitirán atravesar caminos, disfrutando de cada paso, sin perdernos detalles, generando en un estado de tranquilidad las condiciones para que lo cada una de las cosas que tengamos que vivir se manifiesten en nuestras vidas.

No nos enfrasquemos en querer vivir algo determinado, escuchemos nuestra voz interior, que sabe de antemano qué es lo más conveniente para nosotros, a veces queremos una estrella y el universo nos quiere dar una galaxia, mantengamos y cultivemos la mejor actitud, mientras escribimos cada línea de nuestro libro.

Al final entenderemos que no sirve de nada impacientarse porque nunca nos lleva a un buen sitio, que no podíamos saltarnos alguna experiencia, porque si no hubiésemos llegado a cualquier otro lugar y que estructuramos nuestras vidas exactamente como lo necesitamos de acuerdo a nuestra evolución. Todo llegó cuando tenía que llegar, ni antes, ni después.

De nada sirve impacientarse  porque los tiempos del universo son perfectos…

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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