Yo también tengo a alguien que a pesar de los daños, me cuesta mucho dejar ir

Ciertamente cada uno de nosotros muchas veces está vinculado de una manera muy particular a alguien que nos lastima de forma recurrente, que hace nuestra vida un tanto más difícil o sencillamente es inconveniente para nuestro bienestar… Y de quien que sencillamente nos cuesta desprendernos.

El apego hacia alguien que nos lastima puede generarse por varios motivos:

El amor hacia esa persona supera el amor que sentimos por nosotros mismos

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El amor que sentimos por alguien puede hacernos justificar acciones, elevar nuestros umbrales de tolerancia, ser extremadamente empáticos y hasta colocar las prioridades de esa persona por encima de las nuestras, aun cuando el bienestar sea una de ellas.

Algún tipo de dependencia

Cuando existe una relación de dependencia hacia esa persona que resulta tóxica para nosotros, bien sea económica, emocional, social o de cualquier índole, suele hacerse más difícil cualquier tipo de desprendimiento.

Sentimos compasión por esa persona

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Podemos ser tan compasivos que esto genere inclusive lástima por sentir que esa persona nos puede necesitar, porque no tiene los suficientes recursos para valerse por sí misma o sencillamente que se encuentra en período de aprendizaje que lo llevarán a comportarse de otra manera con nosotros.

Nos acostumbramos a la dinámica que nos ofrece esa persona

Muchas veces aunque nuestro bienestar se vea comprometido, solemos acostumbrarnos a dinámicas tóxicas, dinámicas que nos dañan, pero sencillamente por rutina las volvemos parte de nuestro día a día y nos cuesta trabajo salir de esa situación.

Estamos cerrados a los cambios

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Bien sea por temor a qué resultados traerá el alejarnos de alguien o por encontrarnos en una zona de confort, que nada tiene de confortable, sino que requiere poco esfuerzo de nuestra parte para llevar nuestra vida. Podemos limitarnos a mantener un vínculo inclusive a través de la retención de la persona que nos lastima.

Sea cuales fuesen las razones que nos hacen permanecer cerca de quien nos lastima, debemos centrarnos en nuestro bienestar, procurar ayudar desde donde podamos, si esto no nos afecta de forma considerable y hacernos conscientes de que merecemos relaciones que nos hagan crecer desde lo positivo, desde el amor, desde la alegría. Nadie merece tener a alguien que de manera indiscriminada apague su luz, tomemos la responsabilidad de generarnos bienestar a nosotros mismos y a partir de allí decidamos lo mejor.

 

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