Valiente quien dice la verdad, a sabiendas de que lo perderá todo

La honestidad y el reconocimiento de las propias acciones son valores que no cualquiera tiene. La mayoría antes de afrontar las consecuencias de sus actos, antes de caer en el riesgo de perder algo que quiere o medianamente valora, es capaz de escudarse en mentiras, en engaños, es capaz de evadir e inclusive de culpabilizar a otros, antes de asumir con responsabilidad cualquier acción llevada a cabo.

La valentía habla siempre bien de alguien, aunque de igual manera la balanza vaya en contra, los puntos ganados por quienes pueden decir aquello que los compromete, pero que en definitiva forma parte de su verdad, son puntos que llevan más peso que muchos otros.

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Evidentemente muchas veces no será suficiente con el hecho de atreverse a decir la verdad, la honestidad puede llevar implícita el reconocimiento de las peores acciones, acciones que quizás hayan dañado, herido, que hayan representado una muestra de antivalores, que hayan demostrado que para alguien el universo rota a su alrededor.

Y aun si no es suficiente, si aún se pierde todo, la honestidad y el asumir la responsabilidad, rescatará un tanto la imagen golpeada por aquello que mucho cuesta reconocer y a veces el simple acto de reconocimiento marca un antes y un después para quien lo pronuncia y para quien lo escucha.

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El reconocimiento de una falla o cualquier mala acción puede abrir un proceso de aceptación, de observación y cambio. Cuando de corazón somos capaces de apreciar nuestros actos y darle la oportunidad a alguien de escuchar nuestra más sincera versión, dejamos por un momento de pensar exclusivamente en nosotros, para darle importancia a las personas que hayan resultado afectadas por lo que hacemos.

Sea cual sea el escenario, recordemos que nuestra verdad siempre debe acompañarnos, nuestros principios, nuestros valores, aun cuando hayamos actuado de forma diferente a lo esperado, inclusive por nosotros mismos, debemos ser capaces de arriesgar el pedacito de cuerda con el cual nos sujetamos, para considerar los efectos de nuestras acciones en los otros, especialmente aquellos a quienes apreciamos y nos aprecian.

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La honestidad no siempre cosechará confianza, pero es algo que nos lo debemos, que tiene que estar presente en nuestras vidas, especialmente cuando lo que vamos a decir tiene la capacidad potencial de perjudicarnos o empeorar el escenario. Sin embargo, es desde la verdad donde existe la única posibilidad de arreglar las cosas o por lo menos poder cerrar ciclos de la mejor manera, que ella siempre te acompañe, de cualquiera de los lados donde te encuentres.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet