Una tercera persona no es responsable de una infidelidad

Cada quien es como es y en términos generales, eso no debería afectarnos. Sin embargo, cuando se trata de parejas, muchas personas tienen la tendencia de responsabilizar a los terceros de haber entrado en una relación de dos.

Ciertamente, si de principios hablamos, el deber ser correspondería a respetar los nexos que no son nuestros y entrar en una relación de dos, aun cuando nos aran las puertas de par en par, no habla de la mejor de nuestras facetas.

El detalle acá es que la tercera persona puede ser como quiera y eso no debe representar un detalle a considerar, porque para quien es engañado esa persona no tiene nada que ver con él. Mientras que a la pareja se seleccionó y existen acuerdos tácitos o explícitos de exclusividad.

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Lo que queremos hacer ver es que es una pérdida de tiempo y de energía responsabilizar a una tercera persona ante una infidelidad, porque esa tercera persona es por lo general un nombre, que a fin de cuentas se puede sustituir por otro. Más aun cuando existe la tendencia al engaño o la traición.

El problema no es de quien acepta entrar, sino del que abre la puerta, de quien se espera el respeto, la lealtad, la honestidad, no es de quien pasa de forma esporádica por allí, sino de quien de alguna manera se escogió para recorrer un camino, lo más limpio y sano posible.

Pasaremos por encima a los motivos de la infidelidad, que normalmente reflejan una relación que no se encuentra del todo bien y acá son responsables ambos miembros de la pareja. Más allá de que una o ambas partes decida que una de las maneras para experimentar algo diferente sea a través de la traición.

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La infidelidad es tan amplia como queramos, desde una “sencilla” mentira, hasta una vida paralela pueden formar parte de este universo que por lo general termina lastimando a quien aún ama y destruyendo las bases de una relación.

Sea lo que sea que esté pasando la pareja, una infidelidad no lo resolverá. Incluso en esos casos donde luego de una traición la pareja vuelve fortalecida, se hace con un alto costo emocional, con dolor, rabia, resentimiento y frustración… Donde esos son los puntos de partida, difícilmente el fortalecimiento puede estar inclinado hacia el amor.

Sin duda, revisar la relación, oxigenarla, reavivar la pasión son responsabilidad de ambos… Lo mismo ocurre cuando la dejamos morir, solo corresponde a la pareja, si hay o no una tercera persona, solo es parte de la ecuación y si efectivamente existe, su responsabilidad está estrictamente limitada.

Así que si estamos en esta desagradable situación procuremos repartir la torta de la responsabilidad justamente, sin olvidarnos en la repartición, sea cual sea nuestro rol.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet