Tienes derecho a mantener y defender tu espacio en cualquier relación

Cuando estamos en una relación, específicamente amorosa, podemos correr el riesgo de poner nuestros espacios a la disposición de nuestra pareja, traspasando los límites que nos mantienen protegidos de una invasión a nuestra privacidad.

Al entablar una relación no estamos vendiendo nuestra vida, ni estamos perdiendo nuestra identidad, mucho menos estamos dándole cabida a alguien para que posea control sobre nosotros.

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Una cuestión es el respeto y la confianza, que debe partir de la buena fe y de una comunicación efectiva y otra diferente es suponer que una relación trae consigo el manejo de aspectos que le pertenecen a cada quien.

Nadie tiene el derecho de limitar nuestras conversaciones, mensajes, manejar claves de nuestro ordenador, decidir qué vestimos, a quiénes visitamos, cómo administramos nuestro tiempo, a quien abrazamos, a quienes sonreímos, mientras nos manejemos dentro de los límites del respeto, la empatía y el sentido común.

Los límites del respeto deben establecerse tempranamente en las relaciones

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Una vez que hemos marcado un precedente a favor o en contra, nos será más difícil a posterior rescatar espacios cedidos o en el otro caso, perder autonomía y control. Es decir, si desde un principio somos asertivos y podemos establecer límites de alcance e intervención de la otra persona en nuestras vidas, la otra persona deberá adaptarse o tomar la decisión de apartarse en caso de no llegar a un acuerdo que le satisfaga. Si por el contrario, de entrada damos rienda suelta a la otra persona, permitiéndolo que interfiera en nuestras decisiones, que nos controle o invada nuestros espacios, luego se hará muy complicado el recuperar esos espacios y el control siempre tenderá a ser mayor.

Dejemos claras las reglas del juego desde un comienzo, fomentemos la confianza, no ciega, sino basada en comunicación, en que no tenemos algo que esconder, en que podemos atender cualquier duda, pero no permitiremos que nuestras acciones sean dictadas por nuestra pareja.

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No se debe establecer una lucha de poder, ni tampoco asociar el sometimiento a las demandas del otro al amor o el interés. Una relación incluye a dos seres independientes que por convicción, porque así lo desean, están transitando trayectos de sus vidas juntos. El amor nace de la libertad, las cadenas casan y desgastan los sentimientos, además de que vulneran la seguridad, la autonomía y la integridad de quien acepta el papel de rehén.

Por: Sara Espejo