Tener una pareja no debe implicar perder la libertad

Las relaciones se establecen bajo acuerdos tácitos o explícitos que se van generando durante la relación y de alguna manera cada quien decide hasta donde somete su libertad para adaptarse, complacer al otro o sentirse mejor consigo mismo.

Muchas veces por iniciativa propia dejamos de hacer muchas cosas cuando nos encontramos en una relación, bien sea porque preferimos estar con nuestras parejas y dejamos otras cosas de lado, porque sentimos que algunas actividades o quizás relaciones pueden no ser bien vistas por quien está a nuestro lado o porque sencillamente tenemos creencias que separan la viabilidad de seguirnos comportando como cuando no teníamos pareja.

Por otra parte, están las personas más dóciles o complacientes, que se adaptan a los requerimientos de su pareja, inclusive cuando estos están en contra de su libertad. Es usual al inicio de las relaciones que haya menor resistencia a las peticiones del otro, que también al principio, suelen ser sutiles, pero que cuando se trata de cortar libertades de la pareja, suelen ir en crecimiento. Es por ello que se debe disparar una alarma cuando sentimos que quieren colocarnos en un carril.

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Evidentemente una relación lleva consigo una adaptación a la otra persona y a un nuevo estilo de vida en el cual está incluido alguien más. Por sentido común sabemos que no podemos hacer ciertas cosas que no generaban inconveniente alguno en el momento en el cual no teníamos pareja. Pero no debemos confundir el adaptarnos ante parámetros de respeto, de empatía, de convivencia y amor, con perder parte esencial de nosotros por estar con alguien que se sienta complacido.

El engranar con alguien más puede requerir que lijemos un poco los dientes de nuestras ruedas, pero si tenemos que eliminarlos por completo, quizás nos adaptemos a lo que la otra persona preferiría, pero difícilmente nos sentiremos bien con nosotros mismos.

Cuando amamos o estamos en ese proceso, debemos entender que cada quien es un combo de cosas, muchas de ellas nos gustarán y otras no, sin embargo debemos intentar relacionarnos con aquellas personas, cuya parte que no nos agrada tanto, la podamos tolerar, porque si para nosotros eso que no nos cuadra es de gran importancia, los resultados no serán favorables.

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En el caso anterior, nos pasaremos gran parte del tiempo e invertiremos muchas energías en intentar cambiar al otro y de esta manera esteremos condicionándolo, incomodándolo y lo más importante, le estaremos quitando uno de sus principales derechos, el de la libertad… Ése que implica ser amados tal cual somos, sin que tengamos que adaptarnos a algo a alguien, evidentemente dentro del respeto y el amor hacia el otro.

Amar al otro significa aceptarlo como es y lo máximo que podemos hacer es ser fuente de inspiración para generar un cambio, comenzando siempre por ser y hacer como nos gustarían que fuesen e hiciesen con nosotros.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet