Ser importante es del ego, ser feliz es del alma

Aunque muchas veces intentamos ubicar nuestra felicidad en cosas que solo alimentan nuestro ego, cuando llegamos a sentirnos realmente felices nos damos cuenta de que esto corresponde a un estado tan independiente del ego, que es justo esa distancia, la que lo hace posible.

Es común que apostemos por la felicidad, especialmente que la atemos a logros, a reconocimientos, a eventos, a activos… a sentirnos “importantes”, pero desde el punto de vista de quienes nos ven, es decir, importantes desde los ojos ajenos y no desde la consciencia de que estamos viviendo un milagro y que somos parte de un todo maravilloso.

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A fin de cuentas, la felicidad es estar bien con todas las variables en juego, es la paz que sentimos cuando disfrutamos del camino, el aceptarnos sinceramente desde lo más profundo de nuestro ser y dejar de castigarnos y juzgarnos. La felicidad es la alegría del alma, que sabe que esos pequeños detalles que sentimos como grandes obstáculos para nuestra felicidad, no son sino distorsiones en nuestra percepción, de lo que somos en realidad, de lo que realmente estamos haciendo acá.

Todos somos importantes, igualmente importantes y esa igualdad es la que le resta importancia, es una condición común. A veces solo buscamos quedar bien con los demás, adaptarnos a lo que otras personas quieran, incluso si esto va en contra de lo que nosotros deseamos. Pero le damos más relevancia al sentirnos adaptados y queridos a estar en armonía con quienes somos y con lo que queremos.

Busquemos coherencia en la vida, que lo que hagamos nos alegre la vida y procuremos hacer las pequeñas cosas que consideramos rutinarias, con amor, con entrega… Luego nos daremos cuenta de que mucha de esa famosa y anhelada felicidad estaba allí, en esos momentos que compartíamos con nuestros seres queridos, en ese aroma de café en la mañana, en ese recoger a nuestros hijos al colegio y escuchar sus historias, en ese amanecer tras esa montaña… Las cosas pequeñas tiene el poder de regocijar las almas profundamente, solo hay que estar conscientes de lo que nos está ocurriendo y apreciarlo.

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He aprendido que el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. – Gabriel García Márquez

 

No permitas que el ego te distraiga, deja que el alma te guíe para recorrer este camino centrado en lo que tiene sentido mirar, en lo que nos hace sonreír desde adentro, incluso cuando el ego intenta llenarnos de dudas, de frustración, de rechazo, de poca aceptación. Todo es perfecto como es, solo tienes que apreciarlo así.

No corras, no te preocupes, Estás aquí sólo de visita. Merece la pena que te detengas a oler las flores. – Walter C. Hagen

 

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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