Quizás desde un principio supe que no eras para mí, pero siempre esperé estar equivocada

A veces la vida nos habla al oído, susurrándonos, dándonos las señales que necesitamos para no entrar en situaciones que nos generarán alguna herida, o que nos dejarán un mal sabor. Sin embargo, nos hacemos los locos, fingimos que no escuchamos, que no vemos, que esos mensajes no son para nosotros y así seguimos por tiempo indefinido ignorando todo aquello que vaya en contra de lo que nos gustaría, pero que sin duda nos ahorraría un dolor.

Las decepciones evidentemente lastiman, pero a veces tenemos que verlas como esos empujones que nos da la vida, para sacarnos de los sitios en donde no nos conviene estar. Quizás en el momento no logremos entender y aceptar que lo que ha ocurrido es lo mejor, que aquello que dista tanto de lo que siempre quisimos son efectivamente los resultados, sin embargo, el tiempo sabiamente, se encarga de colocar cada cosa en su justo lugar.

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Al enamorarnos todos corremos riesgos, incluso cuando el amor es recíproco, cada uno de nosotros es capaz de hacer cosas que dañan, que distancian, que decepcionan y las consecuencias pueden ser el quiebre definitivo de un vínculo que en algún momento representó algo realmente importante en nuestras vidas.

Pero muchas veces ocurre que desde siempre sentimos esa sensación de que estamos en el lugar equivocado y no está muy claro si por esa predisposición es que las cosas no resultan como conscientemente nos gustarían o si efectivamente tenemos la suficiente percepción como para identificar que existen cosas que aunque nos gustaría que fuesen diferentes, sencillamente no lo son y no van a cambiar, sino que irán tomando la fuerza suficiente como para representar un verdadero obstáculo que nos impida avanzar junto a alguien.

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Ante los detalles que disparan alarmas debemos estar atentos, ya que son ellos los que nos indican que existen medidas que tomar, pero si hacemos caso omiso y seguimos actuando como si nada vamos generando una bola de nieve de un cúmulo de cosas que no supimos atajar de manera oportuna y que quizás el haberlo hecho hubiese mostrado otros resultados, incluso si uno de ellos es dejar de invertir nuestro tiempo, recursos y energía en algo que en definitiva no va a funcionar.

Aprendamos a apreciar con todo lo que tenemos disponible, con nuestros ojos, con nuestro corazón, con nuestros oídos, con nuestra mente y con nuestro corazón. La intuición tiende a darnos luces, pero la mente a veces va apagándolas a su paso, según ella por órdenes del corazón, pero acá entre nos, pienso que el corazón siempre nos conduce a donde debemos estar y lo demás solo intenta usurpar su voz y su rol.

Quizás las cosas no siempre son como nos gustaría, pero sin duda, son como las necesitamos.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet