RINCÓN del TIBET

Que no te pese la ausencia de quien nunca estuvo

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Que no te pese la ausencia de quien nunca estuvo

Muchas veces nos cuesta dejar que no pese y desprendernos hasta de aquello que ni siquiera tuvimos realmente cerca, pero que nos dejó con la sensación de haber tenido o de haber vivido al menos de manera unilateral una relación cercana, quizás marcada por la presencia del otro únicamente en nuestra mente.

En estos casos no hacemos otra cosa que torturarnos por nada, porque en realidad nada hubo, debemos considerar la ausencia de quien  efectivamente no estuvo como el cierre de un período de espera, en donde no recibimos lo que deseamos. No debemos quedarnos enganchados en el sentimiento de añoranza, ¿qué es lo que extrañamos? ¿Extrañar a alguien?

Aprendamos a valorarnos, a entender que merecemos en nuestras vidas a alguien que esté dispuesto a darnos, a estar presente, a sentir cerca. Las ausencias no tienen excusas, quien quiere estar, lo hace, quien no quiere, siempre buscará los medios para justificar su ausencia o en el peor de los casos no mostrará ningún tipo de interés.

No sólo de palabras vive el hombre, pese a que en alguna ocasión tenga que comérselas

Adlai stevenson

Si alguien no quiere formar parte de nuestras vidas, debemos aceptarlo y seguir adelante, con más experiencia, con la apertura a nuevas oportunidades, y esto no es reprochable cuando esa persona es honesta, sin embargo, deja mucho que desear cuando muestra un falso interés que no corresponde realmente con sus intenciones.

No podemos obligar a nadie a querernos, ni mucho menos a querer formar parte de nuestras vidas, pero sí podemos respetarnos a nosotros mismos y tomar las medidas que resulten más convenientes para nuestro bienestar.

Hay algunas cosas que hace que nos pese nuestra energía vital, que solemos hacer cuando estamos en la búsqueda de una reciprocidad que en el fondo sabemos que no llegará:

  • Intentar convencer a alguien de que somos su mejor opción.
  • Descartar otras opciones por la que no quiere formar parte de nuestras vidas.
  • Sentirnos poco merecedores del afecto de esa persona que nos interesa.
  • Sentirnos culpables por el rechazo y las evasivas.
  • Sentirnos incapaces de conseguir alguien que nos corresponda de una mejor manera.
  • Olvidar nuestras prioridades por las de la otra persona.
  • Justificar las ausencias, los rechazos, los desplantes, la falta de interés.
  • No establecer límites claros de lo que estamos dispuestos a tolerar.
  • Permitir que nos maltraten.
  • Tener expectativas que no están soportadas.
  • Efectuar una mala inversión de tiempo y de energía.
  • Negarnos a crecer con la experiencia.
  • Negarnos a ver lo que está frente a nuestros ojos.
  • Negarnos a dejar ir.

Esto y más nos ocurre cuando nos quedamos esperando aquello que ya dijo a través de muchas ausencias que no estaría, pero la vida es muy corta como para esto. No importa en dónde nos ubicamos en términos de relación, debemos ser capaces de proyectarnos a futuro, de mirar lo que tenemos justo en frente y dejar atrás todo aquello que no nos convenga o nos mantenga presos de la añoranza, no permitas que esto te pese.

Que no te pese la ausencia de quien nunca estuvo, debes cerrar el capítulo que se quedó con tantos espacios en blanco y no seguir abriendo espacios que jamás recuperarás. Deja atrás lo que duele y abre espacio en tu vida a lo que realmente te mereces.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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