¿Por qué pensamos siempre que somos los buenos de la partida?

Llama la atención cómo por lo general todos nos colocamos del lado de los que hacen las cosas “como deben hacerse”, los demás son los que deben cambiar, los demás no actuaron bien, los demás deben revisarse, nosotros hacemos lo mejor posible y los demás tienen actuaron de manera mediocre, egoísta, adrede, con mala intención… en fin…

Resulta sencillo mandar a cambiar al mundo, resulta fácil sentarse en la silla del bueno y cuando llamas a la otra persona involucrada, también querrá sentarse en esa misma silla y es que es mucho más sencillo juzgar la forma del otro que la nuestra, resulta más fácil tomar una lupa para ver los defectos del otro que un espejo para ver los propios.

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Y sí, probablemente hayamos hecho las cosas desde nuestro punto de vista bien, pero como esto es tan relativo, nuestro bien particular, no debe ser concebido como un bien común. La otra persona también asegurará que ha hecho las cosas bien y contará su historia y tendrá sentido, desde su punto de vista también ha actuado bien, pero que ambas partes hayan actuado bien no significa que se sientan a gusto o satisfechas con las acciones del otro. Esto por poner un ejemplo de una interacción común entre dos personas, donde a la hora de alguna diferencia es difícil tomar responsabilidades.

Es común y curioso escuchar que debemos alejarnos de las personas tóxicas, cuando todos tenemos una dosis de toxicidad, cuando somos tan cambiantes, cuando todos somos tan perfectibles y nos conocemos tan poco. Pero lo raro es cuando nos reconocemos, estoy siendo tóxico, estoy siendo envidioso, estoy manipulando, estoy amargándole la vida a mi pareja con mis celos, estoy siendo negativo, o egoísta, o mezquino.

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Es fácil esperar del otro, es fácil detectar lo que nos molesta, pero poca utilidad le damos al hecho de que nuestras relaciones son nuestro espejo, que para bien o para mal nos identificamos con quienes interactuamos y ellos nos muestran nuestro lado más oscuro o nuestro lado de mayor luz.

Así que cuando nos sintamos muy buenos versus la actitud de otro, este es un buen momento para hacer una introspección, para dejar de lado nuestras creencias, nuestros prejuicios y revisar lo que llevamos dentro y obviamente asumir la responsabilidad que venga al caso.

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Como dicen por allí, el lobo siempre será el malo si solo escuchamos la versión de caperucita, tratemos de ser objetivos y entender que todos hacemos lo mejor que podemos con los recursos que tenemos, no solo nosotros, sino todos. A menos que alguien tenga un problema de otra índole no actúa con la premeditación de dañar a otro, quizás sí de protegerse, de escudarse, de evitarse molestias o ubicar una posición cómoda.

Seamos menos duros con los demás y más realistas con nosotros mismos, a veces cuando evaluamos bien las cosas, no somos ni tan buenos como creemos, aun cuando seamos lo mejor que hemos podido hasta el momento.

 

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