Pienso, luego existo.

 

Un día, un buscador llegó a un santuario tibetano en el que vivía un ermitaño. El lugar, aislado de todo contacto humano, era perfecto para la meditación, y el buscador, fascinado con el lugar, pidió permiso al ermitaño para quedarse allí unos días.

-Puedes hacer lo que quieras. Si lo deseas, quédate -dijo el ermitaño con cara de pocos amigos.

Unos días después, el buscador se sentó junto al ermitaño. Ya había meditado unos días, pero el buscador todavía tenía preguntas que buscaban respuesta.

-A menudo me pregunto cómo soy yo. Es una pregunta que no puedo dejar de hacerme, día y noche -le dijo el buscador al ermitaño.

-Yo diría que eres como una vaca -le respondió el ermitaño.

El buscador quedó estupefacto. Esperaba cualquier respuesta, pero nunca una tan sorprendente ni tan poco profunda.

-No te asombres -dijo el ermitaño, atento a su reacción-. Seguramente has nacido de un útero y te has alimentado con leche materna.

-Sí, lo hago.

-También lo hacen las vacas. También comes, duermes y defecas. Tal como una vaca.

-O sea, ya lo ves, es evidente que eres como una vaca.

El buscador, reponiéndose, replicó:

-No creo que yo sea igual que una vaca.

-He ahí la diferencia: la duda -dijo entonces el ermitaño-. Dudar es lo único que tú haces y la vaca no. Si tu duda es inteligente y te ayuda a investigar la última realidad y hacerte uno con ella, entonces dejarás de ser como una vaca. De otro modo, amigo mío, tú y la vaca sois iguales…,aunque las vacas suelen ser más pacíficas que los seres humanos.

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