Permitamos irse en paz a quien no quiere continuar

Cuando somos nosotros quienes queremos terminar con una relación y estamos convencidos de no querer continuar, solo queremos un camino de salida libre de obstáculos y una despedida sin mayores consecuencias.

Aunque a veces nuestro ego nos haga disfrutar un tanto de la resistencia del otro ante nuestra decisión, cuando queremos alejarnos de alguien, normalmente deseamos hacerlo en paz.

Pues… Lo mismo ocurre del otro lado

Sabemos que si no es una decisión mutua, el terminar una relación, viéndonos forzados a hacerlo, considerando que aún queda mucho que dar, puede ser un trago muy amargo, que desearíamos evitar.

Sin embargo, pasa. Pasa que la gente cambia de intereses, que los sentimientos se debilitan, que se busca soledad, que ya no quieren estar  a nuestro lado, que se enamoraron de alguien más, que se cansaron de nosotros… cualquier cosa que el otro coloque de argumento, debe ser lo suficientemente válida para respetar su decisión.

Cuando hemos decepcionado demasiado a alguien

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La única manera en la que medianamente podemos justificar el obstaculizar la salida de nuestras vidas de alguien a quien queremos que permanezca a nuestro lado, y con ciertos límites, se trata de cuando sabemos que hemos cometido uno o varios errores trascendentales que decepcionaron de tal forma a la otra persona que aun queriéndonos, prefieren irse.

En este caso, debemos ofrecer todo lo que esté en nuestras manos, sin mentir, sin hacer promesas que no podamos cumplir, reconociendo un compromiso real por cambiar y hacer lo necesario para que las cosas se encaminen de otra forma. Quedará en la otra persona sostener su posición o reconsiderarla. En caso de que decida quedarse, debemos hacer que haya valido la pena.

Nada peor que retener a quien se quiere ir

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Créeme que si alguien desea realmente irse y se queda vas a haber preferido que se fuera. Si su deseo es contundente y con alguna estrategia conseguimos que esa persona permanezca a nuestro lado, solo tendremos a un rebelde, evaluando constantemente nuestro desempeño y recordándonos constantemente que se quedó por nuestra insistencia, no por su preferencia.

Incluso la lástima puede ser un recurso utilizado, pero ¿en serio queremos que alguien esté con nosotros porque le inspiramos lástima? Si respondes que sí, por favor déjame tus datos para que revisemos algunos aspectos que te servirán toda tu vida. La respuesta natural es no, no queremos, ni nos merecemos a nadie que permanezca en nuestras vidas por lástima.

Puede ser que nos cueste un poco cubrir algún aspecto en el cual nos sentíamos apoyados por quien decidió irse, pero nos adaptaremos y lo resolveremos. Nadie es indispensable en la vida de otra persona. Ni nosotros para la vida de alguien, ni esa persone en nuestra vida. Así que si aluien se quiere marchar, que tome sus cosas y se vaya… Le abrimos la puerta, bendecimos su camino y nos preparamos para lo que venga.

Y si somos prácticos, dejaremos esa puerta permanentemente abierta, quien quiera estar, que esté, quien quiera salir, que salga, pero eso sí, que nadie se quede bloqueando la puerta.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet