Nunca permitas que el amor sea el escudo del maltrato

Cuántas veces no escuchamos, esa persona me engaña, pero yo sé que me ama, me maltrata físicamente, pero me ama, me ha hecho renunciar a mis sueños, pero me ama… O peor aún, hace cosas que no me agradan, pero porque me ama, es decir es el amor la justificación de aquello que genera nos hace daño de alguna manera.

Pues seguramente al menos un caso, en mi posición, pues he escuchado muchos más de lo que me gustaría.

No quisiera entrar en la controversia de que quien lastima no ama, porque desde mi punto de vista aunque no hablemos del amor ágape, el mismo puede coexistir con factores que lo deterioren y lo condicionen.

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La mayoría de nosotros entrega el amor que aprendió a dar… Y ese proceso de aprendizaje viene marcado por muchas cosas: la relación con nuestros padres, nuestros modelos principales, nuestras creencias, nuestros fundamentos espirituales, las experiencias con parejas anteriores y en especial por la relación que hemos sostenido con nosotros mismos.

Ese compendio de factores influye en cómo vemos el amor y cómo lo demostramos. Muchas veces lo que para algunos está bien, para otros no. Lo que sí debería estar claro, es que cualquier cosa que lastime, que haga daño de cualquier manera, que humille, que castre, no debe estar justificada en el amor.

Podemos responsabilizarnos de nuestras acciones y nuestra manera errática de llevar relaciones y darnos cuenta de que nuestra manera de imponernos, de querer controlar, de hacernos sentir, nos alejan del amor y le hacen tambalear, cuando nuestra pareja se siente lastimada o viceversa.

Algunos se han acostumbrado a dinámicas macabras en las relaciones, en donde el sufrimiento les produce una especie de estímulo y buscan generárselo a través de diversas vías. Existiendo una víctima y un victimario, que incluso con cierta frecuencia intercambian de roles. Estas conductas son complementarias y cíclicas.

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Si algo nos está dañando en nuestra relación y queremos que eso no ocurra más, lo lógico es buscar una generación de cambios y estos deben iniciarse, desligando aquello que causa dolor con el amor, el amor en sí no daña, no lastima, no engaña, no cercena. El amar de una manera equivocada nos puede llevar a justificar acciones en nombre del amor, pero cuando tengamos alguna duda, preguntémonos si construye a nuestra relación o no, si no lo hace, sin duda, no es amor, ni ninguno de sus derivados.

Hagamos crecer lo que suma y fortalece y entendamos que el amor aunque puede coexistir con muchas sombras, él siempre será de luz, permitámonos que nos guíe e ilumine el resto y no que las sombras se hagan cada vez más grandes a su alrededor, porque tarde o temprano terminará por apagarse.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet