Muchos se creen que pueden opinar de la vida de los demás por lo poco que pueden apreciar desde sus ojos, y con ojos no me refiero solo a los globos oculares, sino a la realidad que hay tras ellos, que solo le pertenece a esa persona.

Tomamos decisiones, nos comportamos de una manera determinada y nos trazamos determinadas rutas en gran parte como consecuencia de lo que hemos vivido, del camino que hemos recorrido. Muchos de los pasos que elijamos dar, quizás no nos llevarán al destino más conveniente, sin embargo, cada uno de ellos tiene una razón de ser en nuestra mente.

Nuestras razones

A veces buscamos no repetir caminos ya recorridos, otras veces vamos a intentar ser más fuertes para sentirnos menos vulnerables ante una situación, en otras ocasiones terminaremos dañando de manera similar a la que nos hirieron a nosotros, incluso a personas que solo están procurando nuestro mayor bien.

Lo que ocurrió en nuestro pasado no es una justificación válida para hacerle daño a los demás, tampoco para convertirnos en una persona que olvidó su verdadero propósito y se desconectó con su felicidad, pero lo cierto es que muchas veces es lo que nos ocurrió lo que estamos permitiendo que defina lo que somos hoy en día.

La empatía

Por más empáticos que tratemos de ser, muchas veces no vamos a poder ubicarnos en los zapatos de otro, para procurar entender su manera de ser o bien sus decisiones. Aunque cualquier esfuerzo que hagamos al respecto, con la información que manejemos, nos ayudará a acercarnos más a esa persona, a entenderla sin juzgarla, incluso cuando opinemos que aun en sus zapatos haríamos las cosas diferentes.

Todos somos muy distintos, no podemos reaccionar de la misma manera, aun cuando compartimos algunos programas, tenemos muchos otros cargados a lo largo de la vida y cada quien asume las cosas que le ocurren a su manera y la integra a su vida de la mejor forma que puede hacerlo con los recursos que maneja para el momento.

Una misma persona en dos momentos de tiempo diferentes de su vida, puede reaccionar de maneras muy distintas ante un evento similar, esto va a depender de quien sea en cada momento, porque todo nos va cambiando, todo va sumando, marcando, anulando o generando un efecto en lo que somos y en especial en la manera en la cual podemos ver la vida y sus acontecimientos.

En todo caso la empatía nunca sobra, el querer entender al otro es una manera de decirle que nos importa. Pero evitemos la inercia de juzgarle o de hacerle sentir que sus decisiones son inadecuadas, porque simplemente nada nos da esa autoridad, ni siquiera el haber pasado por experiencias similares o que consideramos peores en nuestro pasado.

Cada quien es como es

Desde la libertad del ser cada quien es como es y debemos intervenir en la vida de alguien solo cuando sea evidentemente positivo el efecto de esa intervención. Así que esto es bastante subjetivo, porque por lo general creemos estar haciendo el mayor bien, cuando la verdad es que estamos llevando a menos a una persona que ya tiene suficiente con su carga, como para adicionarle la que le estamos propinando.

Podemos aligerar el peso de los demás, sin que ello represente sumarlo al nuestro. A veces simplemente debemos ser luz que le ilumine el camino a alguien, sin decir nada, sin opinar, sin que nuestra presencia sea evidente por algo distinto a la luz que proporcionamos… De cualquier manera nadie se sale de su camino porque otro lo empuje, sino por una decisión personal y su propia creación.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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