No es necesario perder a quien amamos para valorarlo

Solemos dar muchas cosas por sentado cuando estamos involucrados en una relación amorosa, llegando al punto de no valorar a quien amamos, dejando de ver las cosas que esa persona aporta en nuestras vidas y cómo de una forma u otra nos nutre.

Basta con que se produzca una separación, para que muchas veces nos hagamos conscientes del valor que tenía esa persona en nuestras vidas, de lo que nos ofrecía, de la posición que nos había dado en su vida y cómo de muchas maneras esa persona era de vital importancia en nuestras vidas.

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Sin embargo, durante el tiempo juntos no supimos ver más allá de nuestras inconformidades, no supimos darle el reconocimiento que se merecía, por enriquecer nuestras vidas, quizás no con la manera exacta de nuestros requerimientos, pero sí desde su propia esencia, desde su propio ser, intentando en cada momento hacer lo mejor con los recursos y herramientas que maneja.

Perdamos la costumbre de valorar posterior a la pérdida, esto ocurre cuando nos separamos de alguna pareja, cuando un ser querido parte de este plano, cuando nos toca alejarnos de alguien a quien amamos.

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Acostumbrémonos a reconocer a la gente que queremos, a hacerles saber lo importante que son para nosotros, a demostrarles cariño y gratitud y sobre todas las cosas aprendamos a apreciar en tiempo presente qué nos brindan positivo las personas que nos rodean, que forman parte de nuestra vida.

Muchas veces resultamos ser muy especiales con personas a quienes no les interesamos mucho y dejamos de lado en nuestra repartición de cariño a las personas especiales de nuestras vidas, perdemos el interés en sus cosas, en comunicarnos, en manifestarles afecto y muchas veces la vida nos enseña a valorar a través de la ausencia o la imposibilidad de demostrar afecto.

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No esperemos que algo drástico ocurra para valorar a quienes amamos y a quien nos ama. Todos tenemos defectos, diferencias, pero el amor siempre debe prevalecer, siempre debe ser nuestra bandera en nuestros tratos y cuando las cosas se hacen desde el amor, desde la intención de aportar algo de felicidad en la vida del otro, no hay manera de que nos sintamos insatisfechos. No es necesario que ya sea tarde para darle el valor que merecen cada uno de nuestros afectos.

 

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