Nací entera… No me hace falta ninguna mitad

Cuando hablamos de amor, este tema que ocupa y preocupa a tantos, vemos con curiosidad cómo encontrar a esa persona especial puede convertirse en uno de los fines de nuestra existencia. Nos perturba la idea de no estar con alguien, de no poder formar una familia, nos preocupa no poder disponer de alguien que nos escuche de forma incondicional, que nos quiera, que nos respete, que nos acompañe por las noches, que nos ambiente nuestro sueño con unos románticos ronquidos, que nos considere inclusive de su propiedad… Estamos en su mayoría predispuestos para vivir dando y recibiendo “amor”.

Pero la realidad es que no sabemos con propiedad cómo materializar ese amor, nos cuesta horrores acoplarnos a alguien, perpetuarnos con alguien, conocer los defectos de alguien y seguir amando. Por lo general amamos desde nuestro egoísmo, desde el deseo de satisfacer nuestras necesidades o desde el deseo de ofrecer todas nuestras mejores cualidades a alguien más, que no se desperdicien en la soledad, que alguien vea y reconozca nuestros esfuerzos, lo bien que hacemos algunas cosas o sencillamente mostrarnos.

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Muchas veces el miedo nos empuja a entablar una relación, el miedo a no estar solos, a no poder evolucionar sin la colaboración de otra persona, el miedo a arrugarnos y perder nuestras capacidades de seducción, el miedo a no conseguir a una persona que se acerque más a lo que deseamos,  el miedo a que esa persona que no nos hace feliz pueda ser feliz con alguien más o contribuir a la felicidad de otra persona, el miedo a los comentarios asociados a nuestra soledad, en fin… somos especialistas en disfrazar los miedos por los cuales nos vinculamos a otra persona.

Cuando derribamos esos miedos y conscientes de lo que nos merecemos y de lo que estamos dispuestos a ofrecer, podemos tomar decisiones más responsable en el amor, que probablemente nos permitan vivir un amor libre, ése que resulta realmente satisfactorio porque es honesto, es sincero, tiene otros fundamentos diferentes al miedo y al egoísmo.

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Nos hicieron creer que cada uno de nosotros es la mitad de una naranja, y que la vida sólo tiene sentido cuando encontramos la otra mitad. No nos contaron que ya nacemos enteros, que nadie en nuestra vida merece cargar en las espaldas, la responsabilidad de completar lo que nos falta. ― John Lennon

 

Es poco frecuente vivir un amor libre, en donde cada uno se dedique desde su ser completo a compartir con otro ser igualmente completo, sin vacíos que deban ser llenados, sin miedos, sin egoísmos, sin competencias… Esto puede confundirse con relaciones abiertas, relaciones libertinas y no es así, el compromiso nace desde la libertad… el querer hacer las cosas, en procurar la felicidad del otro, el entender los espacios y reconocer la individualidad, que hermosamente se entrelaza para hacerse más fuerte, para convertirse en un equipo, pero que no se atan, que no hay nudos, solo el amor mueve las acciones y vincula más que cualquier cadena.

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El amor se construye entre dos seres enteros, no entre dos mitades que se necesitan para sentirse completas. Jorge Bucay

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Nací entera, no necesito media naranja

No te quiero para mí, te quiero conmigo

Te amo, pero no te necesito

Ni tú me mereces… Ni yo te necesito