Muchas veces extrañamos aquello que con ansias deseábamos sustituir

Qué facilidad tenemos para sentirnos inconformes con lo que tenemos, con desear algo que ocurrirá en el futuro, qué poco reconocimiento a las mil bendiciones que todos tenemos y que sencillamente no nos ocupamos en determinar.

Cuando somos niños, queremos crecer, queremos tener mayores libertades e inclusive mayores responsabilidades, vemos lo que los adultos hacen y de alguna forma queremos sentirnos con el poder de hacer lo mismo… para luego inevitablemente crecer y darte cuenta de que no era lo que esperabas, que eras feliz y no lo sabías.

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Y por lo general nos cuesta apreciar los momentos de felicidad cuando los vivimos, nos hace falta sentir la ausencia para valorar la presencia, nos hace falta pasar noches sin poder dormir, para apreciar el sueño reparador, nos hace falta perder a quien amábamos para darnos cuenta de que las medidas tomadas fueron extremas, nos hace falta estar en la oscuridad para darle valor a la luz.

Esto es dentro de todo normal, muchas veces no podemos entender algo o apreciarlo si no vemos la contraparte, lo que no debería ser normal es la imperiosa necesidad de cambiar nuestro estado actual por otro que en principio nos traerá mayor bienestar. No se trata de no buscar nuestra superación, de no tener aspiraciones, ni mucho menos conformarnos con algo que no nos agrada. Se trata de valorar las cosas cuando las vivimos, dejar de ver a través de nuestras carencias, de nuestras ausencias y sencillamente apreciar, tomar consciencia, vivir y agradecer.

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No es necesario llegar a tener una edad avanzada para percatarnos de que siempre corrimos detrás de algo que solo estaba dentro de nosotros, que incluso hay quienes esperan seguir corriendo una vez partan de este plano. Basta de correr, es necesario vivir, basta de extrañar aquel estatus, aquella persona, aquella casa, aquel viaje, aquel sentimiento que no apreciamos en su momento y que incluso deseamos sustituir.

Basta de ir detrás de la felicidad, de pensar que la limitación a alcanzar ese estado está en la persona que nos acompaña, en los pocos recursos con los que contamos, en la realidad país, en la edad… No, la única limitación está en nuestra mente, en no poder conectarnos a nosotros mismos, en no poder integrarnos y aceptar lo que en realidad somos. Dejemos la mente a un lado de vez en cuando y atendamos el presente, valoremos, preguntémonos qué es lo que realmente aportaría la sustitución que tenemos en mente y cómo nos haría sentir. Tratemos de tomar consciencia de cómo vemos al mundo y sobre todo cómo vivimos.

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