RINCÓN del TIBET

Madurar es entender que no todo debe ser perfecto para poder ser feliz

Madurar es entender que no todo debe ser perfecto para poder ser feliz

A medida que el tiempo transcurre, vamos aprendiendo a tasar de forma más acertada los acontecimientos en nuestra vida, juzgamos menos, disfrutamos más… Estamos más abiertos a restarle importancia a ciertas cosas por las que anteriormente nos hemos preocupado profundamente y en términos generales estamos más dispuestos a ser felices.

Muchas veces nos ponemos millones de barreras entre la felicidad y nosotros, estamos en la búsqueda constante de algo que nos otorgue esa felicidad y cada vez que llegamos a el punto deseado, nos damos cuenta de que no era allí donde estaba, era más allá… Con suerte iremos más allá, porque un peor escenario es consumirnos ante la frustración de haber llegado a un punto con alguna expectativa para darnos cuenta de que nuestra felicidad no estaba allí…

Así vamos caminando, vamos avanzando y retrocediendo, buscando la felicidad, colocándole el nombre a algún sitio, a alguna persona, a algún logro… Y con algo de aprendizaje, nos damos cuenta de que no era algo que debíamos perseguir, ni encontrar en algún lugar, ni tras una meta cumplida, era una forma de ver la vida, de apreciar las cosas, de actitud…

Todo lo que vivimos tiene algo que enseñarnos, desde las cosas más maravillosas hasta las que consideramos más terribles. Todo depende de cómo veamos las cosas, cómo reaccionemos ante lo que nos ocurre… A veces estamos viviendo algo estupendo y solo nos damos cuenta de que era bueno tiempo después, cuando ya no podemos disfrutarlo…

Nos encargamos de colocarle peros a lo que vivimos, nos hacemos especialistas en imaginar cómo cosas maravillosas podrían ser diferentes, hacemos uso de nuestra nostalgia para aplicarla en ese sitio hermoso que dejamos de disfrutar por no estar con una persona en particular, cerramos los ojos ante la belleza, nos centramos en lo que nos falta en lugar de agradecer todas las bendiciones que tenemos y así vamos restándole vida a la vida.

Una vez que abrimos los ojos, si llegamos a ese punto de iluminación, nos damos cuenta de que la vida es más sencilla de como la hemos venido viviendo, que hasta las cosas negativas tienen su encanto, bien sea por lo que aprendemos, por lo que aleja de nosotros, por lo que nos fortalece o bien porque nos ubica en el sitio correcto.

Cuando perdemos el empeño en aferrarnos a que las cosas sean como queremos que sean y le dejamos un poco de libertad a la vida para que nos sorprenda, nos conectamos con lo importante y apreciamos las cosas tal y como son y en ese momento de aceptación nos damos la plena libertad para ser felices.

 

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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