Los problemas siempre pasan, solo ten paciencia

Muchas veces solemos pensar que aquello que nos está haciendo la vida a cuadros, estará con nosotros durante más tiempo del que podamos soportar, y con esta visión quizás estemos extendiendo en tiempo y en magnitud aquello con la cual no nos sentimos agradados.

Mientras más firme sea nuestra creencia de que los problemas, al igual que todo en la vida, son transitorios, con menor impaciencia los afrontaremos. Nunca vamos a pasar por una situación que no necesitemos, con lo que podemos jugar un tanto es con el tiempo que invertimos en ello.

Cuando dejamos por un momento de sentirnos involucrados, podemos mirar desde un palco y tratar de ser lo ver más allá de lo evidente, donde realmente está el provecho que debemos sacar de esa situación. Por lo general el momento de mayor entendimiento llega cuando dejamos de preguntarnos ¿por qué nos está ocurriendo esto a nosotros? y lo sustituimos por un ¿para qué nos está ocurriendo…? Desde allí, siempre es más fácil enfocar nuestras vivencias, sobre todo aquellas que sentimos que nos desencajan.

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Lo que llamamos problemas, no llegan a nuestras vidas para quedarse, ni para acabarnos, solo están allí para elevarnos, para que sepamos de qué estamos hechos y utilicemos esos recursos que llevamos dentro, que sin ello, jamás hubiésemos descubierto.

Nosotros somos responsables de generar drama en el proceso de salida o de enfocarnos en sacar el mayor beneficio a cada situación particular. Entendamos que muchas veces el no hacer nada ayuda más que el preocuparse mucho.

Todo lo que habite en nuestra mente, se expande en nuestras vidas, así que si no nos sacamos un problema de la cabeza, más aun cuando ni siquiera estamos ideando soluciones, éste tendrá la tendencia de crecer y hacerse más persistente, mientras que nosotros le quitamos el foco a todo lo que en nuestra vida puede servirnos de tabla de salvación.

Los problemas son siempre una invitación al cambio, al cambio de estilo de vida, al cambio de hábitos, al cambio de relaciones, al cambio de conductas, al cambio de actitud, al cambio de perspectiva… Si al abordarlo, estamos demasiado rígidos, solo tendremos riesgo de partirnos. Si por el contrario, nos flexibilizamos, quizás nos movamos un poco desde donde estábamos, quizás nuestra forma cambie, pero lo que sí es seguro es que los daños en nosotros serán mucho menores.

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El secreto de la vida es fluir con ella, entender que vamos creciendo y que para ello, algunas veces tendremos que ceder, pero que en ello no perdemos nada, sino ganamos en entendimiento y en crecimiento.

Disfruta hasta de lo que llamas problemas, ten paciencia, nada es para siempre…  piensa que muchas de esas situaciones las elegiste, inclusive antes de venir aquí y solo están allí para enseñarte lo que necesitas aprender.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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