Lo que llega junto a los treinta años vividos

 A los veinte años, la voluntad es reina; a los treinta, lo es el ingenio; a los cuarenta, lo es el juicio. Benjamín Franklin

 

Mucho encontramos sobre lo maravilloso de los treinta, si bien la juventud es un valioso tesoro, muchos consideran que lo mejor llega junto a la tercera década de nuestra existencia. Las experiencias vividas hechas consciencia, la madurez, la serenidad propia de quien vivió la arrebatadora fase de juventud más temprana, la estabilidad en muchos sentidos y aspectos de nuestras vidas.

No se trata de pasar los treinta, se trata de asumir esta década con la actitud propia de quien se ama, se considera y se valora. El cuerpo ha recibido el ímpetu de las décadas anteriores, ha tolerado y superado la traviesa niñez y la tempestuosa adolescencia, nos ha llevado y traído y ha sido el mejor canal de conexión con nuestro ser; toca entonces retribuir este trabajo, el cuerpo comienza a necesitar de esa consciencia que debemos manifestar, esa consciencia hacia nosotros mismos, hacia nuestras necesidades y requerimientos.

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Cuando pasamos los treinta años hay cosas que normalmente dejan de importar, las opiniones destructivas, los comentarios negativos, las malas intenciones se hacen casi imperceptibles tomando un último número en nuestra lista de prioridades. Nos lidera el entusiasmo de concluir muchas cosas en nuestra vida, ya iniciadas o no. Concluir una carrera, estabilizarnos sentimentalmente, concretar ese negocio esperado, ser madre o padre, o sencillamente replantearnos la vida, con un panorama fresco, renovado y lleno de vitalidad, de la propia energía que se recibe cuando se está entre el dinamismo de la juventud y la divinidad de la experiencia.

 

Vivo en esa soledad que es penosa en la juventud, pero deliciosa en los años de madurez. Albert Einstein.

 

Es importante en este punto, entender nuestro cuerpo, observarnos, vislumbrar nuestras necesidades y aquellas cosas que consideramos requieren nuestra atención, tanto externa como internamente. Es el mejor momento para cultivar nuestro interior, para nutrirnos de todos los fluidos maravillosos de nuestro entorno, esto es así porque sencillamente ya muchas trivialidades nos dejaron de importar; esa situación pasada, esas amistades convenientes o no, todo eso que necesariamente tuvimos que tolerar en determinado momento nos comienza a estorbar. Queremos ser, vivir a plenitud, manifestar nuestro interés por aquello que verdaderamente nos interesamos, las apariencias pasan a otro plano, somos más genuinos, más reales, más sensatos.

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Con los treinta llegan muchos cambios, tanto físicos como emocionales y por ende nuestro espíritu  retoma un papel protagónico, porque comienza a prevalecer la razón sobre los instintos, nuestras decisiones comienzan a tener sentido, amamos libremente y sin ataduras, tenemos la valentía para llegar y para irnos… pasar los treinta es una maravillosa conjunción de vitalidad, sabiduría y belleza.

El tema es orientarnos en el transcurso de esta década, hay cosas que quizás debemos considerar disminuir, como por ejemplo: dejar el ejercicio para después, posponer algunas metas, continuar viviendo en el pasado en un constante recuerdo, quejarnos diariamente, actuar impulsivamente, dormir de más, comer de más, aburrirnos, no preocuparnos por nuestra salud, entre otras cosas.

Existir es cambiar, cambiar es madurar, madurar es crearse a uno mismo sin cesar. Henri Bergson

 

A su vez, también llegan muchas cosas que solo se disfrutan después de los treinta, como elegir el libro indicado sin mayor prejuicio, razonar casi instantáneamente sin tener que correr a pedir consejo, asumir las decisiones y las consecuencias de ellas, decir no cuando se nos antoje, avanzar en la vida estemos acompañados o no, poder elegir… y no sencillamente conformarnos, enfrentar situaciones terribles con la mejor actitud y lo mejor de todo, esta década está cargada de amor intenso, no hablo de pasión o placer, no me refiero a emociones pasajeras, es amor real en su esencia.

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No es porque con esta década llega el amor, siempre ha estado con nosotros, en nosotros, es solo porque los prejuicios comienzan  a perder sentido, nos liberamos de dudas, de búsquedas inútiles, de la necesidad de complacer, nos volvemos hacia nosotros mismos y nos sentimos en unidad con todo, comenzamos a disfrutar de nuestro ser, de la consciencia libre que se entrega a la sabiduría y a la oportunidad.

Pasar los treinta no solo es un alerta de un nuevo comienzo, es la oportunidad que llega cuando estamos verdaderamente preparados para tomarla… tenemos muchas más razones para amar, hallamos algo muy importante que es preciso conocer…nos hallamos a nosotros mismos.

 

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