Lo mejor de los problemas es que resultan un filtro para los amigos

No hay nada más efectivo para medir la amistad que transitar una situación adversa. Es muy sencillo ser amigos cuando el otro no necesita mucho de nosotros, cuando nos podemos mantener en nuestra zona de confort, sin hacer mayores esfuerzos, sacrificios o inversiones en quienes llamamos amigos.

Para algunos los problemas de otros, no son sus problemas y procuran a toda costa mantenerse al margen, que no los afecten, que nada toque su burbuja. Pero resulta que la verdadera amistad requiere de esfuerzos esporádicos para colaborar con quien nos necesita.

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No podemos, por comodidad, darle la espalda a quien enfrenta un mal momento, por el simple hecho de evitar que nos salpique la adversidad que afronta. La amistad invita a estar hombro a hombro con quien llamamos amigo, con la misma intensidad de que si estuviésemos actuando por nosotros mismos.

Es cierto que con los amigos se les pasa bien, nos entienden, podemos hacer muchas cosas agradables, pero como todo en la vida, cada persona pasa por ciclos, en los cuales en algunos períodos se encontrará bien y en otros afrontará dificultades, que pueden ser más sencillas de transitar cuando se cuenta con el apoyo de los seres queridos y entre ellos de manera especial los que han sido escogidos a lo largo de la vida para ocupar lugares espaciales.

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Quien se hace la vista gorda, no presta suficiente atención, no es capaz de aportar o sencillamente acompañar a su amigo en dificultades, fácilmente podría ser descartado de la lista de amistades. Porque a los amigos se les conoce de manera especial cuando el mundo se pone chiquitico, cuando la vida se nos viene encima, cuando nuestras fuerzas parecen insuficientes para lo que afrontamos.

Un amigo tiene la capacidad de con un simple abrazo transmitir la confianza y la seguridad necesaria de que no vamos solos por la vida y que cualquier situación que nos afecte se podrá dividir al menos entre dos, porque así es la amistad, multiplica nuestras alegrías y divide nuestras penas.

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El amigo leal se ríe con tus chistes, aunque no sean tan buenos, y se conduele de tus problemas aunque no sean tan graves. ― Arnold Henry Glasow

 

Cuando veamos un amigo en dificultades, no esperemos a que nos grite por ayuda, sabemos lo que tenemos que hacer y cuál es nuestro alcance para colaborarle. Seamos solidarios, comprensivos, empáticos, siempre habrá algo que podamos hacer, aunque lo consideremos minúsculo, que colabore con aliviar la carga de esa persona, que no es más que un regalo de la vida.

 

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