Las sombras del amor

Me perdí entre tus brazos y se me olvidó que tenía que marcharme.

Y es que el tiempo contigo pasa tan rápido, no me doy ni cuenta. Me besas y yo te beso y ya me pierdo, me olvido de todo lo demás. El mundo desaparece en cuanto me rozas. Esto debe ser amor de verdad, ese del que todos hablan, pero una sombra se pasea por mi cabeza cuando pienso esto. Una sombra que desaparece en cuanto me abrazas, y me quedo un rato escondida en tu pecho para que la sombra no me encuentre.

En nuestro mundo soy feliz. Tengo tus miradas, nuestras caricias, tus susurros, nuestras risas. Me das la mano y lo tengo todo, el mundo a mis pies. Hasta los problemas compartidos me hacen feliz, los paseos hablando y riendo, siempre riendo. ¿Cómo no voy a ser feliz? Hay magia en nuestro mundo, en este mundo que es de los dos, no hay nadie más. Solo a veces se cruza una sombra en nuestro camino.

La sombra pasa veloz, es irreconocible, pero me sobresalta y te suelto la mano. Un instante en el que recuerdo que me he olvidado de todo. Pero solo un instante porque tu enseguida me rodeas la cintura con tus brazos y vuelvo a ti. No quiero salir de tus brazos, no quiero recordar, así que sigue abrazándome fuerte, porque mientras sienta tu amor seguiré feliz.

Pero los recuerdo me atrapan en forma de sombras. Aún no los reconozco, pero es cuestión de tiempo, sé que estoy luchando contra el tiempo y que, en algún momento, el pasado volverá. Y me separará de ti, me sacará de este mundo nuestro para devolverme al mío. No me gusta mi mundo y no quiero volver. Quiero quedarme en el tuyo, aunque el tiempo también va a por ti.

Cuando el amor se acaba

Me perdí entre tus brazos y se me olvidó que tenía que marcharme. A mi mundo. Lo recordé el día que tu abrazo empezó a ejercer menos presión; cuando el escalofrío que me recorría todo el cuerpo al primer contacto de tus dedos se limitó a un leve cosquilleo. Entonces la sombra volvió para quedarse.

Entonces me acordé de todo lo demás. Me acordé del amor de mi vida, que no eras tú; me acordé de mi hogar, que no era el que compartimos; me acordé de mis recuerdos, que no eran contigo; y me acordé de mis sueños, que no eran los tuyos. Y entonces me tuve que marchar.

amor

Vía: Diario Femenino