La bondad a veces se asocia con soportar conductas inapropiadas, con callar ante quien se comporta de manera injusta con nosotros, con estar a pesar de no ser valorados… Pero las buenas personas no tienen que ser o hacerse pasar por tontas ante quienes le rodean, para no sentirse mal o para no correr el riesgo de distorsionar su imagen.

Tú eres el centro de tu vida

Decir no

La bondad debe ser dada a los demás, nuestras acciones deben buscar siempre el bien común y en lo posible debemos estar dispuestos a ayudar a los demás y a estar cuando nos necesiten, pero no podemos ser realmente buenos si dejamos de lado a la persona más importante de nuestras vidas. Esta persona no es un hijo, ni la pareja, ni el padre o la madre… Tú persona más importante debes ser tú.

Y no nos sintamos mal por pensar en nuestro bienestar antes de pensar en el bienestar de los demás, podemos colaborar y dar lo mejor de nosotros, pero sin que ello nos coloque en una posición comprometida. Cada quien está a cargo de su vida, podemos hacer muchas cosas por otros, pero si entre ellas están acciones que nos hacen darnos la espalda a nosotros mismos, simplemente no lo estamos haciendo bien.

Debemos actuar de manera equilibrada y sin que nos genere un conflicto procurar nuestra propia felicidad, a fin de cuentas nadie vive a través de otra persona. Cada uno piensa, siente, vibra, se enferma, nace y muere sin que otro lo pueda suplantar, luego debemos entender que en nuestra vida, el primer nombre de la lista, debe ser el nuestro.

No hay egoísmo en ello, hay entendimiento y responsabilidad. Y a partir de ese principio debemos ser capaces de poner un alto a cualquier cosa que no nos haga bien, de decir basta cada vez que lo consideremos conveniente, sin miedo a que proyectemos una imagen que no corresponda a la de una buena persona, porque la gente que nos aprecia primero lo debe hacer por encima de cualquier etiqueta, más allá de lo que hagamos en su beneficio y procurando siempre lo mejor para nosotros.

Practica decir no, no tiene nada de malo

A veces lo mejor está representado por un oportuno y simple “no”, o puede estar acompañado de algo que lo haga más explícito: no puedo, no quiero, no tengo tiempo, no estaré, no tenemos que perder las formas y llegar al “no se me da la regalada gana”, pero si se trata de ser buenos con nosotros cuando ya hemos dado en exceso, también es válido.

No podemos engancharnos con personas que no valoran nuestros esfuerzos, que no nos dan algo de sí para ser un poco recíprocos y que incluso nos hacen sentir que nos mantienen cerca por alguna conveniencia personal, pero que si dejamos de serles útiles, quizás podrían prescindir de nosotros.

Establecer límites y procurar la reciprocidad

Debemos acostumbrarnos a dar y a recibir, porque así vamos a fomentar relaciones sanas que no duelan y nos vamos a sentir tranquilos con nosotros mismos, estableciendo límites sanos que garanticen nuestro bienestar. Porque el juego de la vida se trata de que todos salgamos ganando, no que unos se aprovechen de otros.

La mayoría está acostumbrado a buscar su propio beneficio, sin importar costos y una persona puede estar allí siempre y basta con que en alguna oportunidad no esté, para que la imagen cambie… Incluso si no ha existido nunca reciprocidad o valoración.

No hagamos a los buenos volverse indolentes, aprendamos a agradecer a dar de manera espontánea y a dar de vuelta, aprendamos a mirar las necesidades del otro, seamos empáticos y pensemos que todos somos uno, que lo que le hacemos al otro, no los hacemos a nosotros mismos, esto para bien o para mal.

Por: Sara Espejo – Rincón Del Tibet

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