La mejor manera de perder peso: PERDONAR

A comienzos de año, la mayoría de nosotros quiere hacer cosas importantes, generar cambios, asumir nuevos retos, cambiar hábitos, perder peso… y para ello, recomendamos una forma que aunque bien requiere un tanto de trabajo, definitivamente vale la pena: esta forma es sencillamente perdonar, que a pesar de que no se notará una disminución de medidas en nuestro cuerpo, definitivamente proyectará la belleza que solo una persona que no guarda rencor puede proyectar.

Perdonar es una necesidad, es brindarnos un bienestar personal en el espacio donde estaba una herida, que jamás sana mientras no perdonemos. Obviamente hay acciones que nos duelen, que nos han lastimado, que nos han cambiado, pero si no decidimos y hacemos el trabajo de perdonar, difícilmente podremos darle sanación a esa herida y por cualquier cosa volverá a sangrar, volverá a doler y nos hará sentirnos tan mal como cuando se generó.

el perdon

Al perdonar no es que estemos indultando a quien nos hizo daño, no estamos pretendiendo que los daños sean menores a como los sentimos, ni justificando al otro. Al perdonar estamos actuando a nuestro favor, restándole poder a aquello que tiene control sobre nosotros.

Normalmente cuando guardamos rencor, cuando necesitamos vengarnos, cuando soñamos que alguien reciba su merecido, nos estamos haciendo daño solo nosotros mismos, así que, qué sentido o beneficio puede tener guardar en nuestro interior algo que nos debilita? Es como mantener dentro los desechos que alguien más ha dejado depositados en nosotros, no es justo y no es sano.

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Algunas veces a quienes nos cuesta perdonar es a nosotros mismos, nos tratamos con crueldad, nos recriminamos nuestros errores y nuestras acciones, nos convertimos en nuestro propios enemigos, incapaces de perdonarnos, colocándonos barreras que nos limitan por un precedente marcado y troquelado en nuestras vidas. Acá tenemos que armarnos de nobleza, aprender de los errores y dejar de fustigarnos.

No nos equivocamos adrede, hicimos las cosas de una manera determinada sin mala intención y obtuvimos consecuencias a esas acciones y decisiones. Pero eso no puede convertirnos en nuestros verdugos, eso debe ser una lección para aprender, para aplicarlo en otras experiencias, para hacer lo posible por reparar daños y si no es posible, aceptar y tomar la lección… Seguir adelante, más fuertes, más sabios, no atentando contra nosotros mismos.

Sea quien sea que requiera el perdón, recordemos que solo es nuestro corazón el que sufre cuando no lo otorgamos, pongamos de nuestra parte y hagamos lo posible por aligerar el peso a través del noble acto de perdonar.

 

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