La frontera del perdón

Todos nos equivocamos en alguna ocasión y hacemos daño a la pareja, pero ¿sabemos pedir disculpas? Decir “lo siento” es el primer paso hacia la madurez.

La relación de pareja lleva implícita una corriente emocional intensa en la que tanto lo que el otro nos hace, como lo que nosotros le hacemos, puede ayudarnos pero también dañarnos. Pedir perdón está relacionado con nuestra capacidad de querer a los demás tal y como son. Amar al otro comprendiendo sus defectos da la fuerza psíquica necesaria para buscar su perdón. Este acto, que tiene que ver con la culpa que sentimos al hacer algo que le perjudica, es una forma de reconocer nuestro poder para herirle.

Si alguien no se disculpa nunca es porque padece una inseguridad insoportable.

Si alguien no se disculpa nunca, pese a los fallos que haya podido cometer, es porque padece una inseguridad insoportable, un rasgo habitual en una persona que es muy narcisista. El miembro de la pareja que supone que él nunca tiene por qué pedir disculpas al otro, puede sentir que se rebaja demasiado si lo hace, que no le van a querer si demuestra ante el otro esa presunta debilidad. Porque, en el fondo, es una persona tan débil que no puede aceptar los fallos que tiene.

Disculparse ante el otro representa aceptar que tenemos fallos y que no hemos pensado lo suficiente en él antes de hacer algo. Por eso le hemos hecho daño. Un aspecto fundamental en esta incapacidad para reconocer las heridas que podemos provocar a la pareja, es no aceptar determinados aspectos propios que inconscientemente se rechazan.

A la pareja se la puede atacar porque en el fondo rivalizamos con ella y porque hemos organizado un vínculo amoroso en el que la ambivalencia entre el amor y el odio está demasiado presente. Esta ambivalencia proviene de unos patrones afectivos infantiles que no se han podido elaborar de la forma adecuada.

Qué nos pasa:

  • Se puede vivir el hecho de pedir perdón como algo que nos hace sentir frágiles y evitarlo por ese motivo.
  • Si el otro no recibe bien las disculpas, es probable que se evite darlas. Entonces habrá que preguntarse por qué se está con alguien que niega los sentimientos.
  • Cuando se niega lo que hacemos contra la pareja y no se reconoce la capacidad para dañar, es posible que también se niegue que el otro nos puede herir y aguantar más de la cuenta por no saber defendernos.

Amor teñido de envidia

Elena no estaba dispuesta a aguantar más las impertinencias de Raúl, pero realmente le sorprendió que él reconociera que no se había portado bien. Él había estado atacándola constantemente en una fiesta de presentación de uno de sus proyectos. Ella tenía éxito social y profesional.

Raúl disfrutaba con ese éxito, pero en ocasiones la atacaba señalando sus fallos delante de otros. Por motivos como este, él había acudido a una terapia, porque no lograba sentirse bien en su trabajo y tenía problemas para mantener una pareja. El narcisismo de Raúl solo le dejaba ver lo que tenía relación consigo mismo.

El éxito de Elena llegó a ser para él una fuente de envidia inconsciente: sentía resentimiento cuando ella se entusiasmaba con la gente o con su trabajo. Esto le llevaba a atacarla sutilmente, pero luego no pedía perdón porque eso suponía reconocer la envidia que sentía. Pero esta vez lo hizo, porque había podido elaborar en el tratamiento su ambivalencia hacia Elena. En su relación, repetía el vínculo afectivo que mantenía con su padre, un hombre al que Raúl admiraba, pero al que veía como un rival.

La capacidad para herir a la pareja es elevada, ya que los afectos y la fragilidad son más intensos que en otras relaciones. Si la comunicación familiar se basa en la confianza, en la búsqueda de la verdad ante los conflictos y en el reconocimiento de los errores y el perdón sin reproches, es porque se ha recibido una educación emocional que permitirá excusarse con otro y disculparse a uno mismo cuando es necesario.

Mujeres y hombres somos diferentes a la hora de pedir perdón. Según la lingüista Deborah Tannen, ellas dicen “perdona, quizá te ha molestado” con más frecuencia. Ellos suelen reparar con actos. Sin embargo, las mujeres pide palabras, porque con ellas se repara la realidad psíquica. Se reorganiza la forma de verla porque los afectos cambian.

Un “perdona” a tiempo tiene efectos muy beneficiosos para la relación porque elimina el resentimiento. Solo si nos hacemos responsables de nuestras actitudes, podremos construir una relación solida. Todos nos equivocamos, todos tenemos que pedir perdón.

Qué podemos hacer:

  • La persona que se disculpa tiene la fortaleza de saber reconocer sus errores y repararlos. No se asusta de su agresividad y no la niega.
  • Buscar las palabras adecuadas para pedir perdón es un bálsamo para el malestar.
  • Quienes no saben pedir perdón padecen un narcisismo exagerado que oculta su inseguridad. Su falta de desarrollo emocional les deja apegados a una etapa infantil donde no se reconocen límites.

Vía: Mujer Hoy