La depresión y la ansiedad son signos de haber tratado de permanecer fuertes mucho tiempo

Muchas personas pueden emitir opiniones equivocadas en relación a quienes padecen ansiedad o depresión, llegando a clasificarlas como débiles, con poco autocontrol y susceptibles a afectarse por cualquier característica de su entorno.

Sin embargo, quienes han presentado este tipo de trastornos emocionales, se caracterizan más bien por ser personas fuertes, con proyectos específicos, por ser personas constantes, que han tenido que trabajar heridas emocionales que vienen arrastrando de su pasado y que quizás por tratar de mantenerse lo más fuertes posibles, han acabado por fisurarse ante lo poco flexibles que pueden haber sido con ellos mismos.

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Las personas que les gusta tener todo bajo su control, son vulnerables a atravesar cuadros de ansiedad o depresión. Normalmente no manejan de la mejor manera la desviación que puede existir entre sus expectativas y la realidad, sintiendo gran frustración al respecto, pueden culpabilizarse, estresarse, desgastarse energética y anímicamente tratando de que las cosas encajen de acuerdo a sus planes. Adicionalmente les cuesta aceptar, luego, la combinación genera una explosión de emociones y sentimientos que se hacen notar ante la presencia de una agotamiento físico, mental o emocional, o bien una combinación de varios.

Las personas que no tienen necesidad de controlarlo todo, son capaces de adaptarse de mejor manera a algunos escenarios, aunque no representen lo que quieren. Ojo, que no nos referimos a personas sumisas que no saben defender sus puntos de vista, lo cual también puede desencadenar un cuadro depresivo. Sino a personas que pueden fluir mejor en determinadas circunstancias, evitando en paralelo afectar su salud y bienestar mental.

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Sin embargo, quienes se exigen demasiado, quienes son demasiado estructurados, quienes llevan quizás demasiada responsabilidad a sus espaldas, sienten que no pueden darse la oportunidad de fallar, que no pueden someterse a quiebres, ni a pausas, que deben andar permanentemente firmes, sin quebrantarse, lo cual los puede llevar a un colapso en el manejo de sus emociones, dentro de tanta necesidad de controlarlo todo, pierden el control de ellos mismos, lo cual genera un desequilibrio adicional, para el cual, en la mayoría de los casos no se sienten preparados.

Tanto la ansiedad como la depresión comienzan a dar señales tempranas, que la mayoría de quienes se han visto afectados, han ignorado completamente. El cuerpo comienza a dar avisos, hasta que, si no se presta la debida atención, se instaura un cuadro cuyo manejo dependerá en gran medida de la aceptación, de la disposición para sanar y del entendimiento de que las señales de nuestro cuerpo son manifestaciones para hacernos saber que algo no lo estamos llevando bien en nuestras vidas.

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Aprendamos a sanar las heridas del pasado, aceptemos, dejemos ir, crezcamos con las experiencias y aprendamos que la verdadera fortaleza es la que reflejamos al levantarnos, no al evitar caer.

Por: Sara Espejo  – Rincón del Tibet