RINCÓN del TIBET

Hay amores que se dejan ir, pero jamás nos dejan

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Hay amores que se dejan ir, pero jamás nos dejan

Cómo me hubiese gustado en ese momento en que te fuiste que pudieses ver en mi interior todo lo que aún tenía para ti. Quizás el orgullo me detuvo al momento de querer retenerte, tratando de preservar al menos el amor que me tengo. No fue lo que esperé, menos fue lo que quise… Luego de tanto, luego de cruzar caminos empinados, de disfrutar hermosos paisajes… Estaba en ese justo momento donde todo pierde sentido y te preguntas una y mil veces: ¿cómo llegaste allí?

Todo se nubla, tus palabras despidiéndote, ver tus cosas en esas cajas, eran tantas, ¿cómo pueden estar todas allí? Hay un estado de negación en el ambiente y toda la atmósfera está pesada, hay pasos hacia adelante y hacia atrás, quizás ambos esperando que el otro manifieste que todo aquello es una locura… Pero no ocurre… Te veo marchar, con parte de mi corazón a rastras, dejándote ir, aunque sé que nuestro amor jamás nos dejará y habitará de forma indefinida en cada uno de nuestros corazones.

Ciertamente muchas veces los problemas que tenemos a nivel de pareja no se pueden solventar con facilidad y aunque exista mucho amor, éste no es el único elemento que debe estar presente en las relaciones para que ellas puedan perdurar a través del tiempo. Debemos tener un tren de características y herramientas que nos hagan darle sentido a ese amor, donde podamos aclarar diferencias, hacerle frente a malas experiencias y sobre todo preservar los sentimientos, donde nuestra madurez emocional nos ayude a proteger el amor e ir creciendo de forma individual y como un equipo conformado por la pareja.

Cuando ese tren no marcha bien, el amor queda desprotegido, se hace vulnerable a que cualquier cosa lo haga sentirse invisible, inoportuno e insignificante. Luego los acuerdos basados en el amor terminan dejándolo derrumbarse, porque él en sí mismo siente la fría incertidumbre que lo acorrala.

Luego decantamos por las opciones que pareciesen ser las más sencillas, decidimos terminar, decidimos dar fin a una relación que ha cambiado de rumbo, dejándola porque no nos satisface como antes, sabemos que nos amamos, pero lo sentimos insuficiente.

En estos casos más temprano que tarde no damos cuenta de que no es que el amor era insuficiente, insuficientes fueron las ganas de salir adelante, los recursos con los que contábamos y el empeño que pusimos para evitar la ruptura de dos personas que aún se aman, pero siempre podremos justificar a través de muchos argumentos, el haber dejado partir un amor, que sabemos que eternamente estará con nosotros.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.

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